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jueves, 4 de noviembre de 2010

El APRA necesita un Kirchner

Kirchner recibiendo el mando de Eduardo Duhalde.

Pese a no tener límites territoriales, la Argentina y el Perú tienen muchas coincidencias en cuanto a procesos políticos y sociales se refiere. Ambos países han sido marcados por golpes militares, dominios oligárquicos y restauraciones de la democracia. También se parecen en la poca presencia de partidos de izquierda fuertes, como ha sido el caso de Brasil, Chile y Uruguay. Mas bien, lo que ha predominado en el espacio político no alineado a la derecha están el peronismo, en el caso argentino; y el APRA, en el caso peruano. Más que en el espacio de la izquierda, han sido movimientos denominados por los sociólogos y politólogos como "nacionalistas y populares".

La asunción a la escena pública argentina del general Juan Domingo Perón es el evento político más importante del siglo XX en la nación platense. Un gran carisma y liderazgo, acompañado de un discurso de justicia social, defensa de los derechos de los trabajadores y otras reivindicaciones sociales. Además de la compañía de su esposa, Evita Perón, quien fue la gran benefactora de los pobres, es acaso la razón fundamental por la que hay una masa fiel al peronismo, organizado después en el Partido Justicialista (PJ) hasta la actualidad.

En cuanto al Perú, es sabido que el APRA es un partido identificado más como de izquierda democrática. Tuvo un líder como Haya de la Torre, que al igual que Perón en Argentina, marcó una gran influencia en la política de nuestro país durante el siglo XX pese a que nunca llegó al poder. Más allá de los pactos con Odría y cierto cambio en las ideas de Haya, los ejes centrales de su ideología siguieron en el imaginario de la gente.

Pero también han sufrido sus desvíos. Carlos Menem del PJ llegó a la presidencia en 1989. Contrariamente a lo que todos esperaban, el gobierno de Menem tomó el rumbo neoliberal: privatización de empresas públicas, liberalización de la economía, entre otras medidas distantes a lo que el peronismo original proponía.

Menem gobernó diez años, y si bien al principio le fue muy bien, tanto que fue reelecto; al final terminó muy impopular. Las consecuencias de su manejo económico le estallaron en la cara a su sucesor De la Rúa. Tras la salida abrupta de éste último, pasaron varios presidentes, hasta las elecciones del 2003. Debido a sus divisiones internas, el PJ fue hasta con tres candidatos, además de los de otros partidos. Al final, de los tres peronistas, dos pasaron a la segunda vuelta: Menem, que pretendía volver al poder; y Néstor Kirchner, que fue gobernador de la provincia de Santa Cruz. Menem decidió no presentarse, ante la inminente derrota que sufriría a manos de Kirchner debido a su impopularidad. Y Kirchner asumió la presidencia.

Kirchner hizo lo que nadie creía: logró la recuperación económica argentina, reivindicó derechos sociales a los trabajadores, e incluso reabrió los juicios a los que violaron derechos humanos durante la dictadura (1976-1983). De inmediato, aquellos que en 2001 gritaban "que se vayan todos", recuperaron la fe en la política. Kirchner salió del gobierno con altos índices de aprobación. Lamentablemente, cuando todos pensaban que volvería en 2011, falleció hace pocos días. Su despedida fue multitudinaria. De alguna manera, Kirchner logró reivindicar al peronismo con sus banderas de justicia social. Por eso tuvo un reconocimiento esplendoroso y sorprendente.

Alan García fue el primer aprista que se convirtió en presidente. Pero su gobierno fracasó en su voluntad de cambiar el país. Tras su exilio, regresó al poder en el segundo intento. Al igual que Menem, no sólo ha realizado un programa neoliberal, sino que lo ha profundizado. Y su derechización ha sido tal, que ha impulsado la candidatura de  la derechista Mercedes Aráoz por el APRA en las elecciones del próximo año, con el apoyo de los integrantes de la cúpula, que no quieren perder sus curules.

En las bases apristas ya había descontento con el rumbo del gobierno. Y ahora más con esta abritrariedad de García y su compañía. Quizás ahora el presidente tenga el poder absoluto sobre el APRA, y puede hacer lo que se le antoje. Pero puede que aparezca un Kirchner, un personaje que hace falta en un partido que está bien a la derecha, y reivindique las banderas de justicia social. No necesariamente ahora. Podría ser en el 2016, cuando García termine de convertirse en nuestro Menem.

sábado, 14 de agosto de 2010

La vergonzosa derrota de la cúpula aprista: el caso Carlos Roca

Al drama que afronta el fujimorismo por la casi segura anulación de la candidatura de Álex Kouri a la alcaldía de Lima, se le suma la dura derrota que acaba de sufrir la cúpula del Partido Aprista, debido a la negativa del Jurado Electoral Especial (JEE)de Lima a retirar la postulación de Carlos Roca por este mismo movimiento político.

Estaba conversado que, con el supuesto desembarco de Roca, todo se allanaba para que el APRA apoye a Kouri sin mas pestañeo. La idea era hacer parecer a la gente que el APRA iba con su candidato propio, y que luego salió por supuestamente no despegar en las encuestas. Y luego se volcabatodo el respaldo a Kouri, justo en momentos en que lo necesitaba, puesto que hasta ahora no lograba alcanzar a Lourdes Flores en el primer lugar.

Pero todo salió al revés. Primero tuvieron un enfrentamiento inesperado de Roca Cáceres, quien dijo que nunca había renunciado a su candidatura. Ante la "rebeldía" de Roca, la cúpula decidió actuar, y en un insólito documento pidieron el retiro del ex diputado y ex embajador en Italia. Obviamente, esto fue rechazado por el JEE, porque no estaba la firma del mencionado. El tiro les salió por la culata.

Además, Roca, quien en estos días se debe haber convertido en una figura para los apristas de base, se atrevió a denunciar que la cúpula del APRA quería retirar su candidatura, para apoyar a Kouri. Les soltó los perros públicamente. Sin nada que perder, ha salido airoso en este enfrentamiento.

Y ayer deben haber estado reventando de cólera por la tacha admitida contra Álex Kouri, a quien iban a apoyar. Sería demasiado evidente (y vergonzoso) que pretendan manipular al Jurado Nacional de Elecciones (JNE) en ambas situaciones.

Los aliados deben estar preocupadísimos. Porque, al quedarse sin candidato en Lima, le están regalando la cancha a otra opción que puede apoderarse de la capital. Recordemos que estas elecciones son claves, porque son previas a las generales del próximo año. Y Lima casi siempre ha decidido el voto nacional, por casi un tercio del electorado en el país. esto, evidentemente, malogra los planes de Alan García, pues busca que quien lo sucede le deje la pista libre rumbo al 2016.

En todo caso, para la cúpula aprista lo mejor hubiera sido no presentar ningún candidato en Lima. Y no hacer este tremendo ridículo. Tras varias derrotas aplastantes, la militancia aprista, bajo el liderazgo de Roca, sale fortalecida, y se sacude un poco del peso que tiene García en el partido.

Esta situación hace recordar que, en 1988, Luis Alva Castro se presentó como candidato a la Cámara de Diputados sin la venia del entonces presidente García. Aún con la oposición de este, salió elegido, lo cual no le gustó al mandatario. Como respuesta, en 1990 no respaldó su postulación presidencial (que alcanzó el 22 %) y prefirió apoyar a Alberto Fujimori.

Algo similar ha ocurrido ahora. Y lo que es peor, con alguien como Roca, quien no tiene la influencia que, por esos años, tenía Alva Castro en el APRA. ¿Cuál será la reacción de la cúpula? Pero sobretodo, ¿cuál será la actitud de la militancia, después de esta sacudida? El APRA debe apuntar a su institucionalidad antes que a las decisiones de unos pocos.

miércoles, 28 de julio de 2010

Carlos Roca y una nueva rebelión en el APRA

Desde que fuera elegido secretario general del partido en 1982, Alan García manda en el APRA. Salvo su período en el exilio, en el que el aprismo se manejó autónomamente, quien ha llegado a ser dos veces presidente de la República siempre ha impuesto su peso en las decisiones del movimiento que fundara Haya de la Torre. Pese a ese dominio aplastante, parece que las rebeliones se están dando más seguido.

Recordemos que en 2004 se eligió por primera vez una secretaría general colegiada en el Partido Aprista, algo que antes nunca había pasado. La reelección de Jorge del Castillo parecía segura, pero García impuso a Mauricio Mulder para que lo acompañe en el puesto, pese al reclamo de las bases. Del Castillo se alejó cuando asumió la presidencia del Consejo de Ministros en julio del 2006, y Mulder quedó solo en el balcón.

El mismo Mulder debió convocar a un Congreso para elegir a su reemplazante en el 2008, pero dejó pasar el tiempo y no lo hizo, quizás presionado por un García al que le interesaba que continuara, para seguir manejando indirectamente las cosas en Alfonso Ugarte. La derrota del APRA en las elecciones regionales de noviembre del 2006 generaron descontento en las bases, que reclamaban la salida de Mulder. Incluso un mismo “compañero” como Wilbert Bendezú hizo pública su posición en ese sentido.

Finalmente, en 2010, parecía que Mulder se iba a la reelección, pero otra vez apareció Jorge Del Castillo, quien asumió el puesto nuevamente, en la secretaría general “política“; aunque acompañado esta vez por Omar Quezada, en ese entonces mandamás de Cofopri, en la parte “institucional”. Esto último fue visto como una presión de García, para quien era demasiado que Del Castillo tenga solo las riendas del partido, pues tiene perfil propio y una maquinaria que lo respalda. Pese a eso, el hecho de que “Jorgito” haya vuelto al poder en el APRA era una reacción de la militancia, que respaldaba el anti-fujimorismo del ex premier en contraste con la alianza infame de Palacio de Gobierno.

Fue entonces que se resucitó el asunto de los petroaudios, espinoso tema en el que Del Castillo está aún implicado. Y de taquito, para asegurarse que Quezada tampoco levante mucho la cabeza, salió a la luz el tema de las ventas irregulares de terrenos en Cofopri. Tanto Del Castillo como Quezada dieron un paso al costado. Parece ser que esos temas fueron sembrados desde el Ejecutivo, en una prensa que parece muy sumisa en estos tiempos y anhela la vuelta de los Fujimori al poder.

Hace más de un mes, Carlos Roca Cáceres, un distinguido militante del APRA, y a quien no se cuestiona su honradez, fue electo candidato del partido a la alcaldía de Lima. No obstante su poca intención de voto (apenas dos por ciento), Roca continuó con su campaña.

No obstante, como lo ha señalado alguna vez César Hildebrandt, el plan de García consiste en que ni la presidencia de la República ni la alcaldía de Lima queden en manos apristas. En primer lugar, por su exagerado ego de pasar a la historia como el único aprista que ha sido mandatario. Y en segundo lugar, porque Castañeda o Keiko le pueden cuidar las espaldas en Palacio. Y Álex Kouri es su carta en Lima.

La consigna de García y sus seguidores en la comisión política es apoyar con todo a Kouri, porque el ex alcalde del Callao parece estar perdiendo la batalla con Lourdes Flores. Va necesitar votos apristas. Por ello, el domingo se anunció que la candidatura de Roca ya no iba. Con eso, algunos votos de Roca pasarían a Kouri.

Sin embargo, ante la sorpresa de apristas y extraños, Roca dijo que no renunciaba, que en ningún momento se le había comunicado, y que incluso iba a continuar con su campaña. La reacción de Roca es sui generis considerando que es un político con perfil bajo y poco dispuesto a la confrontación. Y las bases lo han respaldado, desde las declaraciones de Bendezú, hasta los comentarios de usuarios apristas de las redes sociales.

Quizás Roca no gane la elección en Lima, y termine la campaña electoral sin pena ni gloria. Pero su firmeza ante García y sus ayayeros es un ejemplo de defensa de la institucionalidad, que se debe construir desde los partidos políticos. Y que parece que al presidente no le interesa, porque quiere defender mas bien sus propios intereses.

Hay que agregar que también podría ser una jugada para recolocar a Roca en la competencia electoral. Pero es vóx pópuli que Alan quiere a Kouri en el sillón de Nicolás de Rivera.

lunes, 24 de mayo de 2010

El APRA en su laberinto

Fue realmente patético observar la última manifestación del Partido Aprista en la Plaza de Acho. Miles de militantes de la Estrella congregados sólo para seguir siendo engañados por quienes han tomado el liderazgo del principal movimiento político del país.

Es lamentable que el Partido Aprista, acaso el único que nos queda, se haya reducido a ser una maquinaria organizada para servir intereses de una cúpula que, goza ahora de los privilegios del poder. Es triste que la militancia sólo repita en coro y aplauda todo lo que sus líderes, con el presidente Alan García a la cabeza, digan sobre la actual coyuntura. Y que encima creer en sus mentiras.

Porque es una tremenda mentira que el actual gobierno esté "defendiendo al pueblo" o "luchando contra los grupos de poder económico". Casi todas las medidas que ha tomado el actual gobierno se han dado para favorecer precisamente a esos mismos grupos de poder. Un claro ejemplo es el afán desmedido por atraer la inversión en minería, sin tomar en cuenta las cosmovisiones y los intereses de las comunidades que habitan en zonas donde se ha encontrado minas o petróleo. Casos de estos hay muchos, y han generado varios conflictos sociales detectados por la Defensoría del Pueblo.

Y también es falso que se esté defendiendo a los trabajadores. Pese a las numerosas inspecciones del Ministerio de Trabajo a las empresas privadas e incluso a las mismas instituciones estatales, lo cierto es que los empleadores no garantizan los de sus empleados. No existe estabilidad laboral, y en la mayoría de los centros de trabajo, los trabajadores no son colocados en planilla.

Estos mismos "líderes", entre los que está el mismo García, son quienes han contado con la venia del mandatario para que ocupen tales posiciones. Sin ninguna representatividad de por medio. Y contando cuentos a su militancia.

Esta situación es consecuencia de que el APRA prefirió el poder en el corto plazo, antes que la reestructuración. Teniendo elementos básicos como la organización y una doctrina sólida, permanente en el tiempo, abdicó de estos por el miedo a desaparecer electoralmente, y apostó por apoyar a García con todo para volver al poder inmediatamente. Lo más consciente era hacer una evaluación de lo ocurrido en el primer régimen de García, y apuntar a definirse política e ideológicamente. Y no rendirse a todo lo que el número diga o haga (o interprete de acuerdo a sus intereses. De haber definido esas posiciones, sería un partido sólido y un modelo de institucionalización, de los pocos que tendríamos en el país.

Hace 87 años, un 23 de mayo de 1923, miles de obreros y estudiantes se manifestaron contra la Consagración del Perú al Sagrado Corazón de Jesús, en pro de la libertad, la equidad, y la justicia social. Ese movimiento generó al APRA. Lástima que ahora esté tan lejos de esos ideales y responda a intereses mezquinos de unos pocos.

lunes, 3 de mayo de 2010

La crisis del APRA viene de antes

Mauricio Mulder afirmó, en una entrevista concedida hace un par de semanas al diario La República, que el Partido Aprista atraviesa una seria crisis.

Evidentemente, Mulder dijo esto en referencia a las recientes denuncias por corrupción en las que se han visto envueltos sus secretarios generales, Jorge Del Castillo y Omar Quezada. Estos hechos han provocado un remezón en el partido que fundara Víctor Raúl Haya de la Torre.

Remezón que es evidencia de una crisis que no es reciente, como quiere dar a entender Mulder. Esta situación viene de años, y se ha acentuado durante el período en que él estuvo como secretario general. Una situación como ésta no se da en unos pocos días. Viene de tiempo atrás. Para entender esto, es necesario hacer un recuento histórico.

El APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) fue fundado en 1924 en México como un movimiento continental que buscaba la afirmación de las soberanías de las naciones latinoamericanas, en respuesta a los imperialismos. Todo aquel que se adhiriera a la nueva doctrina, era denominado "aprista". Pese a que tenía dimensión latinoamericana, mostrando su influencia con la fundación de partidos como el PRI mexicano y Acción Democrática en Venezuela, y en políticos como Perón en Argentina y Getúlio Vargas en Brasil. Pese a esto, su espacio se redujo a nuestro país, con la fundación del Partido Aprista en 1930; aunque sin desvincularse con sus llamados "partidos hermanos".

De posiciones reformistas en sus primeros treinta años, y obligado por las constantes persecuciones, el APRA tuvo que pactar con sus otrora archienemigos: primero con Prado (la "convivencia" de 1956) y con su perseguidor Odría (la Coalición de 1963). Allí perdió apoyo popular, el cual comenzó a volcarse hacia una izquierda que comenzaba a gestarse en esos años, y tendría su apogeo en los años '80. Y perdió la oportunidad de ser gobierno, cuando en 1968 un golpe de Estado de militares revolucionarios sacó a Belaúnde del poder, y se quedó en Palacio 12 años. No obstante, el APRA recuperó fuerzas cuando logró la mayor votación en las elecciones para la Constituyente de 1978, con Haya de la Torre como su presidente. Sin embargo, sufrió un duro golpe con su muerte al año siguiente. Entonces llegó el debate acerca de quién sería el sucesor.

Más allá de que Armando Villanueva fuera elegido el candidato presidencial en 1980, y perdiera dignamente ante Fernando Belaúnde, casi todos los líderes de la generación del popular "zapatón" andaban por los 60 y 70 años de edad. Y se asomaba una generación de entre los 30 y 40 años, cuya cara más visible era un muchacho llamado Alan García.

Alan García saltó a la palestra política en la Constituyente de 1978. Y su ascenso fue rápido. Fue cabeza de lista de Diputados en la campaña del '80. Y en 1982, derrotó al ilustre abogado Carlos Enrique Melgar en la elección por la secretaría general del APRA. Con sólo 33 años, se erigió como la esperanza renovadora, no sólo del Partido Aprista, sino de la política peruana, que estaba cansada de sesentones y setentones que tenían años en las curules.

Y en 1985 se hizo de la presidencia. Los dos primeros años de García fueron de bonanza económica en el país, y gozó de inmensa popularidad. Pero hechos como la matanza del Frontón en junio de 1986, la galopante hiperinflación, además de actos de corrupción, fueron medrando su imagen. Y la de su partido. Aún así, Luis Alva Castro sacó 22 por ciento de los votos, lo cual era más de lo que se esperaba.

Como consecuencia de lo anterior, en la década de 1990 ser aprista era ser un apestado. Un corrupto. Un leproso. No sólo por lo ocurrido en el primer período presidencial de García. Hay que recordar que la campaña de los medios controlados por Fujimori le echó más sal a la olla. La mayoría se tuvo que esconder. Muy pocos salieron a enfrentar a la dictadura.

Volvió la democracia, e inesperadamente el APRA retornó al primer plano del escenario político, sin haberse recuperado plenamente de lo vivido en los '90. Pasó a ser el principal partido de la oposición al régimen de Alejandro Toledo. Aún así, siempre fueron vistos con recelo por gran parte de la población. Pero el miedo a Humala pudo más y los devolvió al poder el 2006, otra vez con García a la cabeza.

La victoria de García no significaba que el APRA estuviera bien. Sólo maquillaba algo que no se veía por dentro. Desde la vuelta de la democracia en el 2000, y hasta el 2006, su padrón no se llenó de gente que necesariamente creyera en los ideales de Víctor Raúl. Tal como ocurrió en los '80. Gente interesada e inescrupulosa, con ganas de vivir del Estado. Y ahora vemos las consecuencias.

El APRA no estaba obligada a salir a la palestra tan rápidamente luego de la caída de Fujimori. Ni debió concentrarse en ayudar a García a volver al poder. Más bien, tendría que haber definido bien hacia dónde apuntaba como movimiento político, antes que servir de maquinaria electoral del presidente. Hacer un análisis y un mea culpa de lo ocurrido entre 1985 y 1990. Luego de eso, podría haberse reafirmado como un partido fuerte, vinculado a los sectores sociales y ayudando a consolidar la institucionalidad del país. El "alanismo", sin duda alguna, pudo más que la reorganización. Y eso es lo que le ha hecho daño.

Entonces, la crisis del APRA no es reciente, señor Mulder. Viene de años. Y parece que se acentuó cuando usted era secretario general.

jueves, 22 de abril de 2010

¡Del Castillo al paredón!

El clamor de la gran prensa limeña, dirigida por los grupos de poder; y de la opinión pública, que a su vez es dirigida por ambos sectores, es que Jorge Del Castillo sea linchado y crucificado por las denuncias de supuesto tráfico de influencias en favor de algunos empresarios petroleros, en el marco del caso "Petroaudios", que estallara en octubre del 2008.

Está de más comentar que Del Castillo es acusado de recibir un departamento a cambio de que promoviera algunas normas que beneficien a una empresa petrolera , en momentos en que se desempeñaba como Presidente del Consejo de Ministros, . Y también se han destapado algunos audios donde se le menciona, indicando que el ex premier favorecería los intereses de Discover Petroleum.

Son acusaciones muy serias a las que el líder aprista tendrá que responder. Desde el saque, ha anunciado que se acercará a la fiscalía y a los organismos correspondientes para aclarar estas denuncias.

Hay sectores que están celebrando esta situación. Y no necesariamente porque sean abanderados de la lucha contra la corrupción.

En primer lugar, están los fujimoristas y los empresarios pro-dictadura, que añoran volver a los '90 cuando tenían todo el poder, al estilo del ideario de Lenin. Y que exigen que vuelva la mano dura. Ambos no le perdonan a Del Castillo varias cosas.

Del Castillo se enfrentó de manera frontal al régimen autoritario de Alberto Fujimori. Denunció sus ansias de perpetuarse en el poder. Recordemos que se colocó una máscara anti-gas en protesta por la tercera asunción de mando del Chino, y junto a su bancada se retiraron del hemiciclo. Otro hecho, mencionado por el prestigioso periodista César Hildebrandt, es que Del Castillo entregó a éste, entonces director del desaparecido diario Liberación, las pruebas del enriquecimiento ilícito del ex asesor presidencial Vladimiro Montesinos (quien gobernaba a sus anchas con Fujimori) en el Banco Wiesse, gracias a la audacia de su cuñada, trabajadora de este ente financiero.

Recuerdo un episodio que ví con mis propios ojos. Y que nadie me contó. Corría el año 2000, y salía de la universidad para tomar mi carro, cuando en plena avenida Tacna ví un grupito de diez o quince personas arengando "No hay presidente, hay un delincuente". A medida que se acercaban, aprecié que cargaban carteles y banderas con el símbolo del APRA (la estrella).Y a la cabeza, estaba Jorge Del Castillo. Esto ocurrió cuando se descubrieron otras cuentas de Montesinos, ya no en el Wiesse, sino en bancos suizos, por más de 48 millones de dólares.

Pero lo que menos le perdonan es que, en pleno gobierno apro-fujimorista, y siendo primer ministro, Del Castillo se ratificara en sus acusaciones contra Alberto Fujimori, cuando le tocó declarar en el juicio que condenó al ex presidente a 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad. Eso despertó las iras del fujimorismo, que seguramente juró vengar este hecho.

Otro público que odia a Del Castillo, sin duda alguna, son los anti-apristas. Un odio más visceral que racional. A muchos les cayó antipático que, además de enfrentarse a Fujimori, Del Castillo pusiera la cara por el APRA en los años '90, acaso la época más dura que haya vivido el viejo partido de Haya de la Torre en los últimos años. En esos momentos muchos "apristas" no la pusieron, y prefirieron esconderse; y recién reaparecieron cuando Alan García retornó al poder en el 2006.
También hay apristas que lo odian. Y entre ellos el mismo Alan García, quien decidió colocarlo como Premier, mitad en recompensa por haberlo defendido durante diez años, y mitad para quemarlo. Porque para García, sólo él puede ser primero, segundo y tercero en el APRA. Y cualquiera que le opaque es peligroso.
Culpable o no, Del Castillo está casi quemado para sus pretensiones presidenciales del 2011. La opinión pública ya lo señaló.

Alan García no quiere que un aprista sea el que gobierne, porque sólo él puede ser el único presidente aprista de la historia. Además de eso, García necesita que haya una persona que cuide sus intereses cuando salga del poder. Allí está Keiko Fujimori o Luis Castañeda, para quienes los medios de comunicación trabajan incansablemente, difundiéndolos como los dos mejores de las encuestas presidenciales.
Si Del Castillo es culpable, que sea condenado y pague como corresponde. Será su tumba política. Pero si no es así, tendrá derecho a su reivindicación personal.

Lo que sería ideal es que esa misma prensa que pide a coro su linchamiento, también tenga la misma rigurosidad para investigar si es que el presidente García también tiene vinculaciones con el caso Petroaudios. Es fácil meterse con los músicos, y no con el líder de la banda.

sábado, 10 de enero de 2009

Armando sigue vigente

Quién puede dudar, en estos momentos, de la autoridad moral y política con la que cuenta Armando Villanueva del Campo. Pese a sus 93 años, el veterano líder aprista mantiene su lucidez y precisión para emitir comentarios como los de esta semana.

Villanueva fue auto-crítico con su propio partido, al señalar que el APRA “está un poco atrasado en su estructura orgánica y no está debidamente adecuado, como (el líder fundador Víctor Raúl) Haya de la Torre previó, para su posterior gran desarrollo nacional”.

Para superar este déficit, Villanueva planteó que se realice un Congreso Nacional, para revisar todos los aspectos políticos y programáticos, y de paso se renueve la dirigencia, haciendo eco al pedido de las bases, las cuales desde la gran derrota aprista en las elecciones regionales del 2006, piden la cabeza del actual secretario general, el congresista Mauricio Mulder.

Que lo diga una persona que pasó las nueve décadas, y no una persona joven, nos dice mucho acerca de cómo está la cuestión interna en el Partido Aprista. Y no porque se tenga en menos la vejez (que es la voz de la experiencia) sino porque estas voces generalmente provienen de ímpetus juveniles.

Eso quiere decir que don Armando mantiene un espíritu joven, en contacto con la realidad. Es un hombre que no se ha quedado en el tiempo, sino que está al tanto de la realidad política del país. Y además es hidalgo en señalar públicamente las deficiencias del APRA, del cual es militante por más de siete decenios.

Y está también la trayectoria política de don Armando: dirigente de la JAP (Juventud Aprista Peruana) en sus años mozos, vocero de la Célula Parlamentaria Aprista en la época de la dictadura de Velasco, deportado varias veces por sus ideales políticos (la última a los 60 años, en 1975), candidato presidencial (1980), primer ministro, etc. Y ahora que no tiene ningún puesto, sigue dando que hablar en la política nacional.

Estas virtudes no las posee ninguno de los que están en la dirigencia política del partido de la Avenida Alfonso Ugarte. Engolosinados y sensualizados por el poder, prefieren optar por el “pragmatismo derechista” del que habló Javier Valle Riestra. Empezando desde el mismo Mauricio Mulder, que parece no querer soltar prenda.

El APRA necesita reinventarse, ahora más que nunca. Precisa urgentemente la definición en muchos temas, como la política económica que practica el gobierno, que contradice los principios apristas, por ejemplo. La sugerencia sería que retome el camino socialdemócrata que tomó en 2001, con la vuelta de Alan García al país, en vez de proseguir con el “derechismo” que ha denunciado Valle Riestra.

Estas definiciones y cambios en el partido de gobierno deben influir en el gobierno de García, para que dé un golpe de timón al rumbo por el que viene conduciendo al país.

miércoles, 2 de abril de 2008

Ni pan, ni libertad

El presidente Alan García ha afirmado que el extinto fundador y líder aprista Haya de la Torre haría en la actualidad lo que viene haciendo este gobierno. Este comentario, en lo personal, ha causado sorpresa. Y seguramente que muchos de quienes conocen los principios ideológicos del APRA (sean militantes, simpatizantes y hasta detractores) también han tenido esta misma sensación.

En primer lugar, el primer principio del APRA (en siglas Alianza Popular Revolucionaria Americana) es la Acción contra el Imperialismo. En la época del Haya de la Torre, fundador del aprismo, estos imperialismos eran los Estados Unidos y la Unión Soviética. Luego de la caída del bloque soviético, quedó solo el país del norte de América (aunque debilitado ahora), y ahora tenemos una Unión Europea sólida (aunque poco imperialista), y la China como potencia emergente. Ante estas potencias, García solo ha demostrado sumisión y resignación. Ha callado en todos los idiomas ante los abusos de Bush en Irak, e incluso ha justificado la agresión de China ante los tibetanos. No se le pide que se enfrente de manera abierta a lo Chávez, pero sí que presente una posición firme ante este tipo de abusos de los actuales “imperialismos”.

Luego, está el de la Unidad Política de América Latina. Haya sostenía que para resistir los embates de los imperialismos, era imprescindible la unión entre los 20 países latinoamericanos, para negociar de igual a igual. Paradójicamente, García solo mantiene como aliado del Perú a Colombia, y un poco con Ecuador gracias a la empatía (mas no sintonía) con su presidente Correa. Del resto del continente, nada que ver. Encima, lanza puyazos tras bambalinas a Venezuela y Bolivia, y cuando fue a España, pidió a la Unión Europea concretar el TLC solo con Perú, dejando de lado a los hermanos de la región Andina.

Por la nacionalización de la tierra e industrias, es el tercer punto de las ideas del aprismo. Nadie pide ahora que García ahora estatice y nacionalice todo. Son otras épocas. Pero tampoco que privatice todo lo posible (y todo lo que queda), como pretende hacerlo con la famosa “Ley de la Selva”. Tampoco se nota que el actual gobierno esté impulsando la industria nacional, por el contrario, la debilita, al concentrarse solo en la llegada del capital extranjero.

Cuarto punto: La internacionalización del canal de Panamá. Es un tema ya superado: el canal ya es panameño desde 2000. Fue una bandera que Haya enarboló hasta su muerte en 1979. Pero García podría preocuparse porque no hayan bases militares norteamericanas en Paraguay, por ejemplo. No dice ni jota sobre el asunto.

Por último, está la solidaridad con las pueblos y clases oprimidas del mundo. ¿Se puede decir que García tiene solidaridad con un pueblo como el Tibet, que recibe una represión de parte de la abusiva China en pleno siglo XXI, en la que hay varios detenidos e incluso muertos? Mas bien ha justificado el abuso, porque ha manifestado que “quieren boicotear los Juegos Olímpicos”. Por cierto, el presidente del Brasil, Lula Da Silva, ya anunció que no irá a Beijing cuando se inauguren los Juegos. ¿Acaso Alan ha manifestado su solidaridad con Irak?

Resumiendo, el famoso lema del APRA, “Pan con Libertad”, ya pasó de moda. Haya decía que un pan no se podía comer sin libertad; y a la vez que de nada valía la libertad, si no había pan. Ni la justicia social, representada por el pan, ni la democracia, que equivale a la libertad, están siendo promovidas por el gobierno de García, a casi dos años de su gestión. Mas bien promueve la idea de que el mercado resuelve todo, sin que el Estado casi intervenga (y si interviene solo es para ideas populistas); y tampoco el sistema democrático, pues se ha aliado con la derecha, con la cual viene gobernando, y con la promueve persecución contra todo el que se oponga (ONG’s de derechos humanos o pro-chavistas), sea por la legal, o por sus famosos artículos de los Perros del Hortelano.

Es cierto que los tiempos cambian. Pero los principios quedan, y son adaptables al curso de las épocas. Por ello, García no puede decir que todo lo que él esta haciendo (y no el APRA) lo hubiera hecho Haya. Una cosa es adaptar los tiempos, y otra cosa es hipotecar las ideas, a cambio de voltearse a la derecha de la manera más descarada.

viernes, 14 de marzo de 2008

Regionalización, un proceso fallido

Los conflictos sociales vividos recientemente, así como los de junio y julio del año pasado, demuestran que a seis años de impulsado la regionalización en todo el país, vemos que los resultados de este proceso no vienen siendo buenos, debido a una falta de definiciones sobre la ley que creó las regiones

Esta ley, promulgada por el entonces presidente Alejandro Toledo en noviembre de 2002, a pocos días de los comicios donde se eligieron por primera vez a los “presidentes regionales”, había nacido con muchos defectos. Desde un principio no se definieron competencias claras acerca de las funciones de las regiones, así como su responsabilidad frente al gobierno central.

Hoy observamos que el Perú está dividido en 26 “países”, porque cada región tiene su “presidente”; y cada “presidente” hace lo que le viene en gana. Incluso varios de estos gobernantes se atreven a promulgar normas desconociendo la constitucionalidad de las mismas. Otros, ante el poco respaldo que gozan en la interna de sus regiones, prefieren confrontarse con el gobierno central como una forma de ganar popularidad, ante el declive de la aceptación del régimen aprista en el interior del país.

Ante esto, existe la propuesta de que norme la intervención del gobierno central en las regiones, ante su resistencia a las normas impulsadas por éste último. Esta razón puede ser válida, pero también hay que reconocer que el gobierno de Alan García impulsa normas para aplastar a las regiones y sus demandas, sin observar las distintas realidades en que viven.

La responsabilidad recae en el gobierno que presidiera Alejandro Toledo. Pero también está en el APRA antes de volver a ser gobierno. Porque siendo oposición, avalaron la norma de 2002, y presentaron candidatos a las elecciones, ganando 12 regiones de las 26. Cómo habrá sido la gestión de sus presidentes regionales, que el descontento llevó a que en las elecciones regionales de 2006, en pleno gobierno aprista, sólo retuvieran dos regiones.

El proceso de regionalización no debió hacerse en base a los antiguos departamentos. Incluso la regionalización de 1988 estaba mucho mejor estructurada, como un proyecto piloto, sin hacer transferencias directas de poder aún. Esta regionalización se hizo muy apurada, sin orden, sin sustentos claros. Incluso el hecho de permitir la elección por mayoría simple es un peligro. Cuántos gobiernos regionales no padecerían sus crisis, si hubieran tenido el respaldo de una segunda vuelta electoral, no importa el gasto en utilizar el “ballotage” en las regiones.

Es necesario replantear el tema de la regionalización, en acuerdo y dialogando con las regiones, dejando atrás la “mano dura”, y concertando de acuerdo a las realidades de cada región. Incluso algunas deben reconocer que no están preparadas para tener un gobierno regional.

Y otra cosa más: hay que poner a los titulares de los gobiernos regionales, “gobernadores”. Eso de presidentes regionales es muy “huachafo”. Además de muchos otros cambios que se tienen que pensar, con protagonistas como los partidos, el gobierno, y la sociedad civil, por un Perú más descentralizado y con regiones que puedan producir y salir de la extrema pobreza en que se encuentran.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Alan García, el aprista caviar

Santiago Roncagliolo, aquel joven escritor peruano ganador del Premio Alfaguara 2006, dice lo siguiente sobre nuestro actual presidente, Alan García, en su reciente libro “La cuarta espada”: “(Alan) García era admirado desde todas las tribunas internacionales de la izquierda. Brillaba en la asamblea de países no alineados. Le dedicaban murales revolucionarios en México. Era considerado el nuevo Allende”.

Ese era Alan García en los años ’80. Ese diputado fogoso, opositor a las medidas económicas liberales del segundo gobierno de Belaúnde, que se convertiría luego en un presidente enemistado con la derecha y el empresariado, entre 1985 y 1990. Era el abanderado del ala más radical del APRA, que incluso lindaba con la misma izquierda socialista, en vez de mantener la postura de izquierda democrática que enarbolara Haya de la Torre.

Durante el régimen de Belaúnde, fue el más crítico al modelo económico del extinto fundador de Acción Popular. Cuestionaba el manejo del tema del terrorismo “sin respetar los derechos humanos”. En su primer gobierno, sus decisiones fueron las de un izquierdista apegado a la letra, según Roncagliolo: “... el gobierno del APRA tomó medidas radicales: nacionalizó la banca, controló los precios y el cambio de dólares, protegió la industria y prohibió las importaciones”. Un García completamente estatista y populista.

Incluso, hasta hace poco, unos tres años atrás, participó junto al APRA en la famosa marcha de la CGTP (sindicato representante de la vieja izquierda), aquella de la tristemente célebre “patadita” contra un pobre hombre enfermo de la mente, en la que protestara contra las medidas económicas del gobierno de Alejandro Toledo.

Pero el año pasado, Alan García Pérez volvió a la presidencia. Pese a plantear un programa socialdemócrata como alternativa al extremismo radical de Humala y al continuismo neoliberal de Lourdes Flores, en el que prometía parar los abusos de las services y regular las tarifas injustas, entre varias promesas, ha terminado aplicando el programa de esta última, a la que acusara en la campaña electoral de ser “la candidata de los ricos” y “representante de la derecha”.

Y por si fuera poco, no sólo ha querido demostrar su conversión en los hechos, sino en las palabras, como para que quede registrado. Su dos artículos, “El síndrome del perro del hortelano” y “Recetas para acabar con el perro del hortelano”, aparecidos en el diario El Comercio (antiguo perseguidor y enemigo acérrimo del APRA), lo ratifican.

En estos artículos destacan tres ideas: todo aquel que se opone a la inversión, es un comunista disfrazado de medioambientalista, que no come ni deja comer: el perro del hortelano. Este debe ser combatido, es una idea que está metida en todos nosotros, porque no permite el desarrollo. Hay que utilizar todas las zonas sin explotar, y si es posible, que estén en poder de la inversión extranjera, porque el Estado no puede administrarlo.

Sin duda alguna, García olvida su pasado. Él se oponía a la inversión privada en su primer régimen. Era un perro del hortelano. Ha pasado de ser un “presidente de la concertación”, lema de su campaña del 2001, a ser un descalificador de aquel que piense distinto. Y olvida que la historia de las privatizaciones e inversiones extranjeras en el Perú han significado sólo abusos contra la población; esto pese a que las inversiones son necesarias en este contexto de libre mercado, donde ninguna economía puede estar aislada. Y precisamente su gobierno tendría que hacer que la inversión extranjera respete las leyes de nuestro país y a los ciudadanos peruanos.

Lo peor es que explotando todo lo que el país tiene, el Perú seguirá siendo solo un exportador de materia prima, que sube y baja su precio de acuerdo a las coyunturas internacionales, en vez de ser un país que se convierta en industrializado, exportador de tecnología, lo cual garantiza una estabilidad y tranquilidad económica para todos, en vez de una venta sobrevalorada de materias primas que solo beneficia a unos cuantos.

Tanto que se critica a los “caviares” en estos tiempos, pues habría que señalar que García también forma parte del club. Para definir el término, “caviares” son todos aquellos que en una época enarbolaron las banderas de la izquierda, pero que ahora se han reciclado, negando su pasado izquierdista, y volviéndose incluso del otro bando (llámese la derecha).

Eso es lo que ha pasado con García, pues ni siquiera está haciendo un gobierno socialdemócrata como se esperaba, al estilo de Rodríguez Zapatero en España, Lula en Brasil o Néstor Kirchner en Argentina, (¡y como lo plantea el mismo APRA en su ideario!) sino que está alineado con la derecha, dando preferencia al empresariado, sin darle importancia a los derechos humanos y sin promover la participación ciudadana. Por ello, Alan García sería un verdadero “aprista caviar”.

viernes, 12 de octubre de 2007

El genio olvidado del APRA

Un día como hoy, hace 107 años, nació Luis Alberto Sánchez, quizás el último intelectual y político de peso que haya tenido el Partido Aprista. Sin embargo, llama la atención que, nuevamente el APRA en el poder, los seguidores del movimiento que fundara Haya de la Torre no se hayan preocupado por homenajes en recuerdo de este brillante hijo que tuvo el país, por encima de toda diferencia política. LAS Ha pasado totalmente desapercibido, en medio de escándalos políticos en el gobierno.

Nacido en Lima el 12 de octubre de 1900, LAS destacó por sobresalir en diferentes facetas: intelectual, literato, autoridad universitaria, político. En cuanto a la literatura, más destacó por ser analista y crítico de la materia, pero lo más sobresaliente fue la precocidad que tuvo para publicar libros. Apenas a los 20 años dio a conocer, “Los Poetas de la Colonia y la Revolución”, y no pararía de escribir hasta su muerte, acaecida en 1994, más de un centenar de publicaciones, entre críticas literarias, y algunas novelas y cuentos poco conocidos.

También fue rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en tres oportunidades, teniendo el reconocimiento, a pesar de los años, de todo sanmarquino, debido a su labor y dedicación por esta histórica casa de estudios, de la que dijo en una oportunidad que quería a San Marcos “más que una querida”, como confesó en alguna ocasión.

Pero lo que queremos destacar es su faceta como político. Pese a pertenecer a una familia de clase media, decidió abrazar las banderas del APRA, aquel incipiente movimiento político que apostaba por un cambio en el país. LAS confesó el porqué decidió hacerse aprista: "Todo lo demás, nacionalistas, civilistas y sanchecerristas (Unión Revolucionaria) significaban volver a lo antiguo, lo que suele llamarse la `derecha ’. En este tiempo se presento la oportunidad de escoger entre el fascismo de Mussolini, el totalitarismo comunista de Stalin y la Democracia Socializante de España Republicana. Me tentaron insistentemente desde las plagas comunistas; ya había muerto Mariátegui y yo conocía demasiado a Ravines para escuchar aquellos cantos de sirena. Me decidí por el APRA, que era original, realista y en donde estaban mis amigos".

Lo que caracterizó a LAS en su dilatada trayectoria política fue que, pese a la pregonada disciplina aprista, siempre supo manifestar su opinión, aún cuando fuera en contra de lo dictaminado. Cuando el entonces presidente Alan García anunció que estatizaría la banca, todos aplaudieron a rabiar, excepto LAS, quien se quedó observando sentado en su curul. Incluso más antes, mostró su discrepancia por la forma como se llevaban las estrategias políticas del APRA, en épocas de los años ’60 y de la alianza con los odriístas. También se mostró más liberal en economía que muchos de sus compañeros, sin dejar de lado su visión social. Incluso, después de muerto, se publicó una obra suya de manera póstuma denominada Sobre la herencia de Haya de la Torre, en la que criticaba el naciente neoliberalismo y el primer gobierno de García, del cual dijo que “no guardó empatía alguna con los fundamentos del aprismo”.

Esa rebeldía respetuosa fue el punto distintivo de LAS, así como su espíritu libre y su brillante inteligencia, que mantuvo hasta el final de sus días. Algo que los apristas del Siglo XXI debería aprender y retomar, o por lo menos intentarlo, ya que no lo heredaron; aunque al parecer, no existe el mínimo interés en hacerlo, pues prefieren seguir sólo que lo dicte el secretario general del Partido y el coloso Presidente de la República.

viernes, 21 de setiembre de 2007

Fujimori cayó… y ahora, ¿qué sigue?

Luego de casi dos años de larga espera, la Corte Suprema de Justicia de Chile decidió, en última instancia, extraditar al ex presidente Alberto Fujimori a nuestro país, a fin de que responda por acusaciones de corrupción y delitos contra los derechos humanos ocurridos durante su gobierno (1990-2000).

Pese a que no fueron considerados cinco de los doce cuadernillos en la extradición, lo fundamental está en que, dentro de los siete expedientes por los que deberá responder ante la justicia peruana, están los casos de crímenes de lesa humanidad, como las matanzas de La Cantuta y Barrios Altos. Son hechos que son ineludibles, debido a que no son prescriptibles.

La pregunta ahora es: ¿qué vendrá después? No se trata aquí de la absurda discusión sobre en qué penal debe ser recluido Fujimori, en su calidad de detenido. Eso lo deben resolver las autoridades competentes.

El asunto principal radica en las movidas políticas que se podrían realizar en este tiempo: este es un punto de quiebre en este momento político. Porque es sabido que, pese a tener muchos detractores, Fujimori también tiene seguidores, nos guste o no. Y no es cualquier detenido como tantos generales o ministros que fueron adeptos a su régimen. Es el pez gordo. De hecho, va generar controversia y polémica.

Aquí se comprobará realmente si el gobierno aprista tiene ese famoso “pacto bajo la mesa” con el fuimorismo, o si estos solo se colgaban del régimen de García Pérez para “ganarse alguito”, aprovechando además la cercanía a la derecha que ha demostrado el APRA en estos 14 meses de gestión. Es la oportunidad del partido de gobierno de sacarse ese peso de encima, además de dar un giro en las banderas que ha asumido: las de la derecha. Ventaja tiene: está en el poder y no necesita el apoyo incondicional de una bancada para lograr sus objetivos en el Parlamento, pues logra el apoyo del fujimorismo y Unidad Nacional cuando le conviene, e igual con los otros sectores políticos (léase UPP).

También se verá la capacidad de la oposición para reconstruirse a partir del rechazo de una buena parte de la población hacia Fujimori. Pese a su fuerza dentro del Congreso (más por el número de congresistas que por peso político), no son fuerzas que hayan podido lograr una ubicación expectante dentro de la opinión pública, como lo hiciera el APRA durante el gobierno de Alejandro Toledo. Sus denominados “líderes” no han aparecido: ni Ollanta Humala ni Lourdes Flores son siquiera la sombra de lo que llegaron a ser en las elecciones presidenciales del año pasado. Los otros sectores políticos también tienen una oportunidad para rehacerse (Acción Popular, Somos Perú, etc.)

Por último, lo más peligroso quizá, es la utilización de Fujimori, ya en suelo peruano (pese a estar en la cárcel), de la coyuntura, que podría favorecerlo en caso sepa presentarse con la imagen de un perseguido político. Pese al tiempo que ha pasado alejado del escenario nacional (aunque se ha mantenido en boca de todos), no ha perdido cintura política. Dependerá de él, así como de aquellos enemigos políticos que ganó después de 1992, su destino en la política nacional.

El tema del juicio pasa a segundo plano. Porque es un hecho que el tema se va politizar.

lunes, 18 de junio de 2007

Deslinde de inmediato

Con el escándalo producido por la elección irregular de los miembros del Tribunal Constitucional, que ahora ha sido anulada por el Congreso para realizar un nuevo proceso, han pasado desapercibidas las polémicas declaraciones de los dos vicepresidentes de la República, el almirante (r) Luis Giampietri y la señora Lourdes Mendoza del Solar, ambos congresistas invitados por el APRA, en el sentido de que las culpas del extraditable Alberto Fujimori deberían probarse.

Esto ha pasado a un segundo plano, partiendo del supuesto de aquel vox pópuli que proclama que el APRA tiene una alianza tácita con la bancada fujimorista. Por ello, las declaraciones de Giampietri y Mendoza del Solar han sido tomadas como “normales”. Sin embargo, esto perjudica más a la bancada oficialista, puesto que refuerza la tesis de la “alianza aprofujimontesinista” y rompería con la tradición de una Célula Parlamentaria Aprista disciplinada y ordenada.

Ante esto ha habido reacciones. El secretario general del APRA y también congresista de la República, Mauricio Mulder, salió inmediatamente a rechazar dichas declaraciones, expresando que no es la posición del partido que fundara Haya de la Torre la de exculpar a Fujimori. En el mismo sentido se expresó el parlamentario andino y secretario de Organización del PAP, Wilbert Bendezú, quien no sólo discrepó de estas expresiones, sino que demandó al gobierno que haga un deslinde definitivo del fujimorismo.

Esto último es el meollo del asunto. Desde aquí creemos que no existe una alianza formal entre el aprismo y los fujimoristas: sucede que, como sostiene el analista político Martín Tanaka, el matrimonio del APRA (¿o de Alan García?) con la derecha política ha ocasionado que el fujimorismo, identificado con posiciones conservadoras, se adhiera a esta cuestión. También está el asunto de que los seguidores de Fujimori “sobonean” al gobierno, para que este sea blando con el tema de la extradición del ex mandatario desde Chile. Sin embargo, estas declaraciones infelices de Giampietri y Mendoza del Solar ya consolidan más la idea que está en el ambiente político, respecto del supuesto pacto.

Por ello, como lo ha demandado Bendezú, y también lo expresa la oposición, el gobierno aprista debe zanjar su posición sobre el caso Fujimori, sin dejar de mencionar que sea un tema judicial. Y también debe poner en su sitio a personajes como Giampietri y Mendoza del Solar (¿Por qué los invitaron?). Por último, ¿hasta cuándo va gobernar con la derecha, doctor Alan García? El país necesita un giro hacia el otro lado, expresando en la última elección su descontento con el estado de las cosas. Además de su rechazo al fujimorismo, que sólo tuvo 7 % del electorado.

martes, 24 de abril de 2007

Meche guarda pan para mayo (¿o julio?)


Mercedes Cabanillas ha vuelto a marcar su posición. Sus últimas declaraciones, respaldando última la decisión del Congreso, Poder del Estado que preside, de interpelar al presidente del Consejo de Ministros, Jorge del Castillo, por el caso del irregular nombramiento de Alberto Pandolfi, ex premier fujimorista; y pidiendo al presidente Alan García que tenga “tranquilidad” en su viaje a los Estados Unidos, demuestran esta actitud.

Definitivamente, estas manifestaciones de Cabanillas no caen en saco roto. Tienen una intencionalidad clara: lograr una buena ubicación dentro del espectro político.

En primer lugar, le deja un claro mensaje al titular del Consejo de Ministros, Jorge Del Castillo, al manifestar que la interpelación es un derecho del Congreso, y que el APRA ejerció ese derecho, cuando fue oposición en otros gobiernos.

Primero, confirma que continúa la pugna por la hegemonía y el liderazgo en el Partido Aprista. Si bien es cierto Del Castillo salió bien parado de su presentación ante el Parlamento por el caso Pandolfi, no ha quedado de la misma forma en la interna aprista. Incluso días atrás, Cabanillas afirmó que le causó “una sorpresa desagradable” este hecho. Y no se incluyó ella sola, sino que agregó que dentro del APRA se tuvo la misma sensación (Lo cual es cierto, pues muchos quedaron solitarios peleando contra el régimen de Fujimori, mentor de Pandolfi). Con esto, la titular del Poder Legislativo pone en claro su posición y su deslinde con el fujimorismo, lo cual no ha sido manifestado de la misma forma por el Ejecutivo.

Además, le mandó un mensaje al mismísimo presidente Alan García, a quien le dijo por medio de la prensa que “viaje tranquilo” a los Estados Unidos para ver lo del Tratado de Libre Comercio con el país del norte. García había dicho que no era posible que se interpele nuevamente a Del Castillo justo cuando viajaba a la tierra del Tío Sam para ver el asunto del acuerdo comercial. Cabanillas también criticó el reciente pedido de facultades del Ejecutivo para legislar contra la delincuencia y el terrorismo. Son pruebas claras de su independencia dentro del partido que fundara Haya de la Torre.

Luego, al respaldar la decisión del Congreso, intenta ganar réditos políticos ante sus colegas parlamentarios de oposición. Pese a que ha afirmado en varias ocasiones que no postulará a la reelección para seguir presidiendo el Legislativo, lo cierto que esta actitud, junto con otras defensas del fuero parlamentario, como la aprobación de la eliminación de la renta básica de telefonía, por ejemplo, hace que tenga hasta el momento pocas críticas de parte de los congresistas de otras tiendas políticas. En su desempeño en este puesto, Cabanillas no ha generado muchos anticuerpos (salvo el incidente con Martín Pérez), y de no darse inconvenientes, puede que en julio sea ratificada en el cargo.

Por último, la imagen del Congreso, deteriorada en la época de Alejandro Toledo, se ha visto mejorada, lo cual es un mérito (en cierta forma) de Cabanillas. Ante los escándalos ocurridos, como la parranda en Brasil y lo más reciente, de la contratación irregular por la congresista Elsa Canchaya a una de sus empleadas del hogar, el Congreso presidido por Cabanillas ha procedido a investigar y sancionar.

Al parecer, a Cabanillas le ha sentado bien estar en la presidencia del Congreso. Desde allí, puede desempeñar un papel independiente, no estando tan atada de manos como Del Castillo en el premierato. De paso, está ganando puntos en la disputa por el liderazgo del partido, en miras a definir quien será el candidato (o candidata) de la estrella en el 2011.