martes, 5 de mayo de 2009

El injusto "maleteo" al ministro Ugarte

Es realmente patético ver como los medios de información la han emprendido contra el ministro de Salud, Óscar Ugarte, acerca de lo que dijo (o no dijo) sobre la presunta llegada de la gripe porcina a nuestro país.

Como se recuerda, Ugarte anunció que una ciudadana argentina, Alejandrina Coche, ue desembarcada en nuestro país de emergencia de un vuelo que venía desde Panamá, por ser un posible primer caso del virus en el Perú. Sin embargo, Santiago Pedraglio (que volvió a Perú 21), señala que el ministro sólo manifestó que “era probable” que esta persona tuviera el virus, y que el Gobierno “actuaría como si así fuera”. Esta declaración fue respaldada por Manuel Peña, representante de la Organización Panamericana de la Salud (OMS), quien calificó ese caso como “sólo muy probable”.

Sin embargo, los medios prefirieron anunciar que el virus ya había llegado al Perú, generando un pánico en la población, y poniendo palabras que el ministro Ugarte nunca dijo. Pero todo tiene sus razones.

Quienes hemos leído un poco más sobre la historia política peruana de los últimos 30 años, sabemos quien ha sido Óscar Ugarte. Entre 1984 y 1989, fue regidor metropolitano de Lima por Izquierda Unida. En los ’90 se dedicó a trabajar el tema de Salud desde organizaciones de la sociedad civil. Durante casi todo el 2002 se desempeñó como viceministro del mismo sector que ahora encabeza. Y además, es el “número dos” del Partido Humanista, del premier Yehude Simon.

Estos antecedentes para nada lo descalifican, pero quizás a muchos deprime el pasado izquierdista de Ugarte. Entonces, salen a criticarlo ante cualquier pequeñez como esta, aunque hay que mencionar que más bien fue tergiversación de los medios. Allí está la columna de Fritz Du Bois, (que casi ha convertido a Perú 21 en un medio fujimorista, con sus Oliver Stark y Ricardo Vásquez Kunze), y el diario Correo del incorregible Aldo Mariátegui.

Los mismos críticos de Ugarte callaron en todos los idiomas cuando ocurrían los accidentes de carreteras durante la gestión de Verónica Zavala cuando fue ministra de Transportes y Comunicaciones, por ejemplo. En vez de pedir su renuncia o cuestionar su trabajo, sólo pedían a la ciudadanía que se educe en materia vial.

Es evidente que la señorita era una tecnócrata de derecha. Quizás esa filiación ideológica (o pragmática) hace que se sea más benigno con algunos, y con otros más duro.

No conozco al señor Ugarte. Pero desde que llegó al ministerio de Salud, las cosas no están tan caóticas. Comparada con las gestiones de Hernán Garrido Lecca (cercano al "faenón") y Carlos Vallejos, va un poco mejor. Logró poner fin a la huelga médica, que ya llevaba varios meses, y que se había complicado en los últimos meses de gestión de Garrido Lecca.

Además, hay que recordar que apenas llegado al ministerio, Ugarte denunció a los ladrones que se llevaron en varias cajas una valiosa documentación. Está claro que no se sabe qué pasó después con estos sujetos, y también es clarísimo que hay muchos problemas de atención en los hospitales (aunque esto no es responsabilidad total de su gestión).

El asunto está en eliminar la corrupción y mejorar los servicios de los centros de salud. Eso sí se lo debemos exigir al ministro Ugarte, y no hacerle un cargamontón por lo que supuestamente dijo o no dijo.

miércoles, 8 de abril de 2009

Fujimori culpable: Ahora le toca a la ciudadanía

El ex presidente Alberto Fujimori ha sido condenado a 25 años de prisión por delitos contra los derechos humanos. Este hecho es un precedente en la historia reciente de América Latina, pues por primera vez, un ex presidente elegido por la vía democrática es juzgado y sentenciado por estos hechos.

El fallo judicial ha sido contundente y claro; además ha provenido de un tribunal que se ha comportado a la altura de las circunstancias. También queda el precedente de que nadie puede abusar del poder que le ha sido delegado, y más si proviene del mandato popular.

Todo esto le hace muy bien a la democracia, la que sin embargo, en el caso de nuestro país, aún tiene mucho por perfeccionar para dar una mejor calidad de vida a muchos de nuestros compatriotas.

Sin embargo, quedan aún muchas cosas por hacer, como diría el gran César Vallejo.

Los fujimoristas se han comenzado a mover. Han anunciado manifestaciones y movilizaciones en todo el país. También están copando los medios de comunicación por medio de sus voceros y sus seguidores, para hacer parecer que son la mayoría.

La verdad es que no es así. Con el respeto por quienes optan por esta posición (incomprensible desde mi punto de vista), es necesario demostrar que la mayoría de este país quiere apostar por una democracia donde imperen la justicia social, la libertad, y se defiendan los derechos humanos de todos y todas.

Por ello, todos aquellos sectores sociales, como los trabajadores, los comerciantes, los despedidos, los jubilados, los sindicatos, los estudiantes, y todos aquellos que fueron afectados por el entreguismo económico de los años ’90 (montado por Fujimori), así como las organizaciones de derechos humanos y otros movimientos sociales, culturales y políticos (¿por qué no?), debemos manifestarnos para demostrar que somos esa mayoría que cree en la democracia, y que esta puede ser perfeccionada para mejorar la calidad de vida de muchos y muchas compatriotas.

El segundo gran paso son las elecciones del 2011, donde los peruanos y las peruanas debemos dar una nueva lección, como la del 7 de abril. Debemos demostrar que no somos desmemoriados y que nuestro voto no va ser por el mal menor. Y que debemos ser, no grupos que “jalan agua para su molino”, reclamando cada uno por su causa; sino una sociedad civil empoderada y organizada para pedir a nuestros políticos que cumplan con sus compromisos de campaña, y no con sus compromisos con grupos de poder.

De lo contrario, conviviremos otra vez con advenedizos que llegan al poder y hacen lo que quieren (aunque después del antecedente de Fujimori ya no será igual), o votando por males menores cada cinco años, que llegados al poder, se alían con la derecha que siempre ha gobernado el país.

De nosotros depende, de nadie más.

domingo, 1 de marzo de 2009

Meche, tu hija también salió semidesnuda

La sanción aplicada a las policías por aparecer semidesnudas dentro de un baño, en imágenes grabadas desde un celular, es desde todo punto de vista, un abuso escandaloso. No constituye una falta el hecho de aparecer en paños menores en un video casero, e incluso en lugares íntimos como son los servicios higiénicos. A menos que uno crea que se puede bañar con la ropa puesta.

Sin embargo, lo más sorprendente es que la señora Ministra del Interior, doña Mercedes Cabanillas, acaba de olvidar que su hija, la periodista Beatriz Llanos, también apareció semidesnuda ¡en televisión! ¡y en los periódicos! cuando trabajaba como reportera en el fenecido programa “Nadie se duerma” del resucitado conductor de televisión (y también periodista) Beto Ortiz.

Mucha gente ha manifestado estar de acuerdo con la sanción por razones morales. ¿O sea que sólo se aplica la moral para unas intachables policías, sin ninguna mancha negra en sus historiales; y con los corruptos no pasa nada?

“No queremos vedetistas”, ha dicho el presidente Alan García en referencia al caso. ¿Y la hija de Cabanillas no fue “vedetista” en su momento? Y peor aún, porque su aparición en cueros fue en público; mientras que a estas policías se les ha violado el derecho a la intimidad.

Con esto no quiero decir que esté mal aparecer semidesnudo. Ese es problema de cada uno. El asunto es que existe una moralina hipócrita en los políticos de nuestro país, y se aplica “mano dura” con quien no la merece. ¿O acaso usted, querido lector (o querida lectora, para establecer criterios de justicia de género), considera que es más grave aparecer “calato” en Internet; o ser corrupto e incompetente, como hay millares de casos en la Policía?

Por eso, señora Cabanillas, el éxito en su gestión al frente del Mininter no está en fijarse en minucias como esta, sino en sancionar y combatir la evidente corrupción que existe en su sector (que no es su responsabilidad, porque apenas tiene una semana en el cargo). Eso sí que le haría un bien moral al país.

Nota: la foto fue tomada de http://utero.pe/wp-content/uploads/2009/02/llans.jpg. Beatriz Llanos es la primera desde arriba hacia abajo.

viernes, 20 de febrero de 2009

Meche convertida en “Thatcher”

La designación de Mercedes Cabanillas como ministra del Interior ha sido una verdadera sorpresa en el ambiente político. Si bien es cierto ya caía de madura la salida de Remigio Hernani de esta cartera, nadie esperaba que una de las líderes más importantes del APRA fuera designada en este difícil, pero importante cargo en el gabinete.

Esto sorprende porque entre los nombres que tenía el Ejecutivo para este portafolio, no figuraba la que fuera ministra de Educación durante el primer régimen aprista. Pese a su influencia dentro de su movimiento político e incluso dentro del mismo Congreso, que presidió entre 2006 y 2007, no se esperaba tal designación.

Sin embargo, recordemos que el presidente Alan García tiene olfato político. El hecho de colocar en Interior a una mujer de carácter como la popular “Meche”, a quien ya algunos la han denominado como “la Thatcher peruana”, le da dos contrapesos: será la “premier bajo la sombra” del gabinete de Yehude Simon; y la vez la imagen dura de la también congresista, transmite una idea de cambio en la población con respecto a lo que se puede hacer en temas de seguridad ciudadana.

No obstante, pese a que García diga que Cabanillas ha adquirido conocimiento sobre temas de seguridad, por haber sido presidenta de la Comisión de Defensa del Congreso, no es algo que asegure una buena gestión de “Meche”. Por eso, es una verdadera incógnita lo que ocurrirá.

En la columna anterior planteábamos la necesidad de una reforma dentro del Ministerio del Interior, en la que se privilegie la especialización dentro de la Policía. Ahora, vamos a observar qué es lo que realizará Cabanillas al frente del Ministerio.

De arranque, Cabanillas ya se comprometió a reorganizar la Policía Nacional y a coordinar la seguridad ciudadana con la Defensoría del Pueblo. Habrá que estar atentos a las medidas que tome.

Conocida como una mujer con mucha influencia y liderazgo dentro de su Partido, y de una larga trayectoria política, Cabanillas asume el reto más difícil de su carrera. De tener éxito, podrá dar el salto hacia una posible candidatura presidencial. Pero de continuar los erráticos pasos de sus antecesores, lo más probable es que quede chamuscada definitivamente, y quede en un segundo orden dentro del APRA.

martes, 17 de febrero de 2009

El problema no es el ministro

Dos policías son asesinados en Lambayeque en un intento de desalojo. Atentan contra la vida de la fiscal de la Nación, Gladis Echáiz. La inseguridad ronda por las calles limeñas. Asaltan a diestra y siniestra a quien viaje en bus al interior del país, con gran impunidad y sin ninguna seguridad. Etc., etc., etc.

Ante todo esto, la culpa es del ministro del Interior, Remigio Hernani. Al menos es lo que dicen los especialistas y la opinión pública. Pero también era de Alva Castro cuando ocurrían estas cosas. Y también de sus antecesores. Entonces, ¿en qué quedamos?

El asunto entonces, no es el ministro actual, ni los anteriores. El problema no es la persona que dirige (aunque también podría serlo), sino la institución. Y en específico de la Policía.

Estos lamentables sucesos, donde se exponen las vidas tanto de efectivos del orden, como de ciudadanos, son una muestra de cuán desorganizada y corrupta está nuestra Policía Nacional en estos momentos. Y no son las causas, sino las consecuencias. Son los derivados de una pésima organización y una corrupción galopante en su interior, permitida por su propia estructura.

Hay que remontarnos a algunos años atrás. O sea, al primer gobierno de García. Este decide crear la Policía Nacional del Perú (PNP), agrupando a sus institutos, que era la Policía de Investigaciones del Perú (la recordada PIP), la Guardia Republicana (GR), y la Guardia Civil (GC).

Si bien es cierto se agrupaban en una sola institución, cada una mantenía su independencia. La PIP se encargaba de la inteligencia, y de hacer seguimiento a los sospechosos. Pese a sus problemas, esto daba resultados. La GR tenía como función cuidar de la seguridad de las autoridades, y la GC de la seguridad en las calles. Pero los celos de estas dos últimas instituciones ante la PIP lograron que se unificara la Policía.

No contentas con la unificación, la GC y la GR siguieron presionando, para que se fusionara todo. Finalmente, nada más y nada menos que Alberto Fujimori, fue quien mezcló todo en una licuadora, de manera que se perdió la especialización dentro de la Policía.

Claro que las consecuencias de este sancochado no se notaron allí mismo. Se reflejaron y evidenciaron mucho después. Porque ahora un policía no está especializado: puede cuidar una calle, como vigilar a una autoridad, o hacer seguimiento a un presunto delincuente o narcotraficante. Pero no hace bien ninguna de estas cosas. Los resultados están a la vista.

Aunque a algunos liberales no les guste, debe volver la especialización en la Policía. Con sus institutos armados y sus respectivas funciones. Es necesario reconstituir nuestro sistema de inteligencia. Por ejemplo.

PD: Con esto no niego que los últimos ministros hayan sido incapaces para el cargo. Con sus excepciones, claro.