jueves, 6 de marzo de 2008

La hora del centro

Los últimos sucesos que han provocado un grave conflicto entre dos países tradicional y culturalmente tan ligados, como es el caso de Ecuador y Colombia, no son más que la muestra de que en América Latina la cuestión política ha llegado a polarizarse en torno a un apoyo o repudio a los Estados Unidos.

Por un lado están los aliados del país del norte, y en la contraparte están quienes lo desafían, encabezados por Venezuela y su presidente Hugo Chávez. La cosa no estaría tan polarizada si no fuera por el discurso audaz, y a veces, agresivo, del mandatario venezolano; quien no solamente se muestra hostil con el presidente de los Estados Unidos (quien ha hecho muchos méritos para que sea así, con su abusiva incursión en Irak), sino que también arremete contra quienes se alinean alrededor de Washington.

Hasta cierto punto, la actitud de Chávez es comprensible, pues a lo largo de la historia latinoamericana, Estados Unidos ha cometido muchos abusos contra nuestros pueblos. Pero el tema es que está promoviendo una confrontación innecesaria con países vecinos, con los que debiera más bien estrechar los lazos de hermandad, pese a las diferencias. Además, el discurso antiyanqui es un buen rédito para obtener popularidad. Y no hay que olvidar que Chávez, pese a su discurso “antiimperialista”, viene dibujando a su país como un mini-Imperio, pues ejerce influencia económica e ideológica en ciertos países. Y hasta está preparado para una guerra.

Pese a que no vocifera mucho como Chávez, lo cierto es que Uribe también ha contribuido a inflar el problema. Ha podido mucho más su alineamiento con los Estados Unidos que la búsqueda de una solución pacífica al prácticamente eterno conflicto con las FARC. Esto queda demostrado en su insólita invasión al Ecuador, para atrapar al número dos de este grupo armado. Además, ha roto una saludable tradición colombiana de respeto del derecho internacional. Si Uribe tenía información de que integrantes de las FARC se encontraban en territorio ecuatoriano, debió realizar coordinaciones con su homólogo ecuatoriano Rafael Correa para hacer las investigaciones, y luego la captura y posterior extradición de los guerrilleros. Sin embargo, prefirió aplicar la política gringa de vulnerar la soberanía de un país hermano.

Estos extremos ideológicos y políticos, demostrados en discursos y acciones concretas, están llevando a América Latina a un dilema: o te unes a nosotros, o eres enemigo. Dilema que no permite una búsqueda de otras alternativas diferentes a estas dos, alejadas del radicalismo y el alineamiento hacia una posición extrema. Es hora de que quienes están cerca del centro político (que no es un punto, sino una zona, donde se ubican sectores socialdemócratas, progresistas, demócratas cristianos alejados de la derecha, etc.) se manifiesten, para poner un equilibrio al panorama político latinoamericano. Y es preciso que países que están marcados por esta moderación, como Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, que no están enfrentados de manera radical con Estados Unidos, y la vez llevan relaciones cordiales con Venezuela (que es la contraparte) y sus aliados, hagan sentir su peso para llegar a ese equilibrio.

PD: Perdonen la ausencia de este blog durante un mes.

sábado, 2 de febrero de 2008

Marito y Alan: Enemigos íntimos

Hace solo cinco años, era impensable que los archirrivales políticos Alan García Pérez y Mario Vargas Llosa se encuentren para conversar. Ni siquiera era imaginable que coincidan en alguna ceremonia. La enemistad política entre ambos era una razón de peso, definitivamente.

Esta situación viene de larga data, algo más de dos décadas. Todo comienza cuando el impetuoso García, en su primer gobierno, anuncia en 1987 la estatización y nacionalización de la banca. Ante esto, surge por primera vez una oposición de peso al régimen aprista, encabezada por Vargas Llosa, junto con gente de la derecha liberal, agrupada en el Instituto Libertad y Democracia, de Hernando de Soto.

El 21 de agosto de 1987, el ya famoso escritor encabezó un multitudinario mitin en la Plaza San Martín, en el que rechazaba el intento de García de estatizar la banca privada. Con este hecho, que recibió respaldo popular, Vargas Llosa crea el Movimiento Libertad, en un principio para frenar la acción estatista, pero que al final deviene en una organización política, que en 1988 se une con Acción Popular y el Partido Popular Cristiano, y forman el recordado Frente Democrático (Fredemo), una coalición de derechas con miras a las elecciones de 1990.

Así, mientras el régimen de García se desgastaba, Vargas Llosa iba ganando popularidad, gracias a sus constantes críticas al manejo económico del gobierno aprista. Llegado 1990, todo parecía indicar que el escritor se convertiría en el próximo presidente. Sin embargo, su archienemigo García, utilizando la maquinaria del APRA (y con el apoyo nada desapercibido de la Izquierda, pese a que comenzaba su fragmentación), prefirió apoyar al desconocido Alberto Fujimori, en perjuicio de su otro archirrival (dentro del APRA), Luis Alva Castro. Y Fujimori logró la victoria, consumándose la venganza de García contra Vargas Llosa. Lo demás es historia conocida.

Pasados los años, pese a estar en el mismo viejo continente, ni Vargas Llosa ni García buscaron coincidir. El escritor estuvo en España, quizá resentido con el Perú, e incluso adquirió la nacionalidad ibérica. Por su lado, el líder aprista estaba en su exilio francés, perseguido por quien apoyó en 1990, y se dedicaba a la docencia, entre otras cosas. En lo único que ambos coincidían eran sus nada suaves críticas al régimen fujimorista. Pero Vargas Llosa seguía siendo de derecha, mientras que García ahora pasaba a ser parte de la socialdemocracia.

García retorna en 2001, tras haber quedado libre de sus procesos judiciales, y postula nuevamente a la presidencia. Si bien es cierto no recibió el guantazo directamente, su archirrival Vargas Llosa apoya a Alejandro Toledo, quien finalmente logra la victoria electoral, derrotando en segunda al entonces ex mandatario, quien, pese a la derrota en segunda vuelta, fue prácticamente perdonado por el pueblo peruano.

Cinco años después, el “gran” Alan (por su tamañazo) vuelve a lanzar su candidatura. Otra vez, y fiel a su estilo, Vargas Llosa apoya a la que fuera denominada por García “la candidata de los ricos y la derecha”: Lourdes Flores Nano. Sin embargo, Alan la deja otra vez fuera de la segunda vuelta, enfrentando a Ollanta Humala.

Aquí se produce el punto de quiebre. Vargas Llosa declara que ante estas dos opciones, prefiere votar por García, porque “representa el mal menor” y realizará su gobierno en democracia. García, sin rechazar el apoyo sorpresivo del escritor, advierte que él no ha pedido ese respaldo. Finalmente, el líder aprista vuelve a la presidencia con más del 52 % de los votos válidos.

Ahora, Vargas Llosa y García se saludan en Palacio de Gobierno. El primero fue a visitar al segundo, en agradecimiento por la preocupación de este último por su estado de salud. El escritor dice que el Presidente está manejando bien la economía, dentro de las reglas del juego democrático y del libre mercado. García señala que “fue un honor” conversar con el escritor e incluso manifestó su deseo de que gane el Premio Nobel de Literatura. ¡Cómo cambian los tiempos, Venancio! ¿Qué te parece?

Es cierto que García cambió. Pero Vargas Llosa también. Sino, recordemos que el laureado escritor peruano era un defensor a muerte de la revolución cubana y de Fidel Castro, en la década de 1960. Ahora es su más acérrimo crítico.

viernes, 1 de febrero de 2008

25 años de Uchuraccay: algunas reflexiones

Antes del 26 de enero de 1983, nadie sabía dónde quedaba Uchuraccay, localidad de la provincia de Huanta, departamento de Ayacucho. Después de esa fecha, se descubrió que “existía”, pues en aquel remoto lugar de los andes peruanos, ocurrió una de las tragedias más grandes de nuestra historia: la muerte de ocho periodistas que buscaban investigar la violencia que ejercía Sendero Luminoso en estos lares.

Estos valerosos periodistas fueron a un lugar recóndito y lejano como Uchuraccay, para descubrir lo que ocurría realmente. La realidad, negada por el gobierno de Belaúnde en aquel entonces, era que Sendero comenzaba a ejercer violencia y terror en Ayacucho. Y la misión de estos periodistas era descubrir la verdad.

Era tal la violencia de Sendero en Uchuraccay, que sus pobladores andaban a la defensiva ante cualquier elemento extraño. Esto se comprobó luego de que la comisión investigadora de los hechos, presidida por el laureado escritor Mario Vargas Llosa, determinara que los campesinos de Uchuraccay asesinaron a los periodistas, confundiéndolos con terroristas.

Esto también comprobó que los pobladores de Uchuraccay, así como en muchas partes del Perú de esos años, andaban a la deriva frente a Sendero, sin ningún apoyo del Estado, y tenían que vérselas como podían. Aniquilando incluso a quienes solo buscaban la verdad para ayudarlos, como eran los periodistas. Ese era el desamparo en que vivían, que no solo consistía en su indefensión ante Sendero, sino ante los propios efectivos de las fuerzas del orden.

La política del Estado era, además del abandono de los lugares más aislados del país, la represión. Si no se lograba capturar a los terroristas de verdad, había que crearlos, aunque fueran de mentiras. Por eso, según la Comisión de la Verdad, están registradas miles de desapariciones, las que en su mayoría tratan de campesinos con rasgos étnicos indígenas, perpetradas por los militares, y también por elementos terroristas.

Otra lección que nos queda es para el periodismo de nuestros tiempos. La prensa en el Perú ha dado muchas muestras de presentar solo una versión oficial, que es la que hay que creer sin replicar, como sucede en otros países. Ocurrió con más gravedad, y de manera crónica, en la época del fujimorismo. Pero también ha dado otras de querer ir más allá de lo oficial. Si no fuera por estos intrépidos periodistas, que quisieron comprobar lo que ocurría realmente en Uchuraccay, quizás nunca se habría descubierto el terror constante a la que era sometida diariamente.

En tiempos en que se predica el pensamiento único del neoliberalismo económico, en el que los Estados no deben intervenir para nada y el mercado lo decide todo; en el que todo aquel que enarbole una bandera diferente es un retrógrada o afiebrado; y en un mundo en el que a quienes están en el poder les conviene ocultar la verdad; es necesaria una prensa crítica, que mire más allá de lo evidente, y que se atreva a ir más lejos de donde está permitido, aún cuando los riesgos estén presentes (¿Cuándo no estuvieron?).

25 años después, la verdad nos sigue haciendo libres. Gracias mártires de Uchuraccay.

viernes, 11 de enero de 2008

Voley peruano: seguimos bajando

Los diarios limeños han resaltado que las chicas del voley le pusieron coraje y pundonor en el último partido ante Venezuela, en el cual perdimos (como locales, para variar, como en el fútbol), y ahora debemos buscar un cupo a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 enfrentando a selecciones de otros continentes. La garra y el pundonor es lo que se resalta, no importa si perdemos.

Pero no basta con el esfuerzo. Hay que jugar bien para ser los mejores. No se puede ser conformistas, teniendo un pasado glorioso.

Esto es negativo, porque poco a poco, esto se convertirá en una costumbre. Mejor dicho, ay es una mala costumbre, porque el Perú, fue, durante más de tres décadas, amo y señor del voley femenino en América del Sur. Incluso nos codeamos con las mejores del mundo, siendo subcampeones del mundo en Lima, en 1982, y logrando la medalla de plata en Seúl 1988.

Todo eso es parte del pasado, porque ahora el Perú, sin querer queriendo, como diría el Chavo del Ocho, está por debajo de Brasil, Argentina, y ahora Venezuela, que nos ganó en casa y nos ha dejado casi fuera de los Juegos Olímpicos, a los que parece no asistiremos por segunda vez consecutiva. De dominar el contexto sudamericano, estamos casi en la mitad de la tabla del voley femenino en la región.

La responsabilidad recae en la dirigencia, que se ha quedado dormida en sus laureles, sin hacer una planificación seria, que era la que se hacía antes, cuando la selección peruana salía de gira por varios países, y estaba realmente apta para la alta competencia. Incluso había renovación constante de voleibolistas, lo que permitía que el equipo peruano siempre produzca nuevas figuras.

Sin embargo, entre los últimos diez y veinte años se viene jugando casi con las mismas jugadoras, y se han renovado los equipos cuando las más veteranas han dicho basta. Y el nivel que demuestran no es el mismo que el de sus rivales, que renuevan sus equipos y se han adaptado a las exigencias del voley mundial. Nuestras voleibolistas no tienen la misma velocidad ni los reflejos de los rivales, incluidos aquellos a los que aún somos superiores, como Bolivia, Uruguay y Paraguay; a los que vencimos sin problemas, pero que evidenciaron en nuestra selección femenina de voley ciertas limitaciones que nuestra prensa deportiva no quiso ver, y que resaltó que “ellas no juerguean”.

No basta no juerguear. Hay que demostrar que somos mejores en la cancha también.
Ni con Aparicio, ni con Figueiredo, ni con nadie, se podrá cambiar esta situación. Olvidémonos de Man Bok Park (agradezcámosle mas bien por todo su aporte), y más reclamemos que se realice una renovación total del deporte de la net alta, que alguna vez puso al Perú en todo lo alto.

Y algo más: si la escuela asiática (Akira Kato, japonés; y el popular “Mambo”, coreano) es la que mejores resultados nos ha dado, ¿por qué no recurrir a ella de nuevo?

lunes, 7 de enero de 2008

Santiago Roncagliolo, una realidad de la literatura peruana

Cuando todo parecía indicar que la narrativa peruana se envolvía entre las sombras, debido a que los actuales escritores no alcanzan la talla de los autores de antaño, y también por hechos como el desprestigio de Alfredo Bryce Echenique, debido a los descubrimientos de que incurrió en plagio a otros autores; la eterna espera de Mario Vargas Llosa por el Premio Nobel; y la muerte del mejor cuentista peruano de la historia, Julio Ramón Ribeyro; ha aparecido en este siglo una grata y sorprendente revelación en las letras nacionales.

Se trata de Santiago Roncagliolo (Lima, 1975), quien saltó a la popularidad al ganar del Premio Alfaguara 2006, uno de los más importantes de la literatura en lengua española, por su novela “Abril Rojo”, que narra sucesos referidos a la violencia política que vivió el Perú entre 1980 y 2000.

Además, el mérito está en que Roncagliolo se convirtió en el ganador más joven de la historia del Premio Alfaguara, que generalmente es obtenido por escritores veteranos, que bordean las bases seis y siete. Y teniendo en cuenta que es una de sus primeras novelas, pues anteriormente escribió algunos cuentos.

Precisamente, uno de sus primeros trabajos, Pudor, que trata de aquellos deseos y miedos ocultos que tienen las personas, sean hombres, mujeres, niños, niñas; y hasta los animales, se adjudicó el título de “Nuevo Talento” por la Cadena Europea de Librerías, ENAC, en el 2003.

Además de ello, Roncagliolo ha publicado un reciente trabajo periodístico, La Cuarta Espada, al estilo de una novela policial como A sangre fría, del escritor norteamericano Truman Capote, en el que relata la historia del líder terrorista Abimael Guzmán y su agrupación Sendero Luminoso. Esta novela-reportaje ha desatado polémica, pues para algunos Roncagliolo no trata a Abimael Guzmán, así como a otros de sus “camaradas” con la dureza que se debiera. Sin embargo, lo que Roncagliolo trata de hacer es presentar otras facetas desconocidas de la vida de Guzmán, y cómo fue convirtiéndose en lo que llegó a ser; sin hacer en manera alguna apología hacia los actos violentos de Sendero Luminoso.

Como relata en su libro, la idea de Roncagliolo es saber “¿cómo se convirtió Guzmán en un objeto de culto capaz de inspirar entre los suyos misiones kamikazes?”,tal como lo señala la contratapa. Vale decir, cómo hizo un solo hombre para lograr una organización que puso en jaque a todo un país.

En esta publicación también relata algunos testimonios de personajes que vivieron de cerca de estos hechos, como son la actual congresista Nancy Obregón y el coronel en retiro Benedicto Jiménez. El autor se encargó de recoger varios testimonios de personajes que, como Obregón y Jiménez, estuvieron cerca de Guzmán, fueran sus adeptos o no.

La Cuarta Espada viene siendo promocionada en España y varios países de América Latina, hecho que está haciendo crecer la fama del joven escritor en el exterior.

Con todo esto, Roncagliolo se asoma como el mejor exponente de las letras peruanas en Iberoamérica, al lado del ya largamente reconocido Mario Vargas Llosa, lo cual es un indicador de que la producción literaria peruana continúa vigente. Esperemos que aparezcan más figuras en la literatura peruana.