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viernes, 12 de noviembre de 2010

Toledo recargado

Si la semana anterior estuvo marcada por la presentación de Mercedes Aráoz como candidata del APRA, en la noticia fue sin duda, el lanzamiento de Alejandro Toledo como postulante a la primera magistratura de la nación. Más allá de la decisión en sí, lo que sorprendió es que el líder de Perú Posible lanzó su candidatura con anticipación, pues había manifestado el último domingo que se tomaría al menos quince días para anunciar su decisión.

Lo cierto es que Toledo ya está en la cancha. De arranque, anunció que intentaba ser presidente otra vez para mejorar lo hecho en su gobierno, y no hacer mal lo que hizo mal, como dijo textualmente. Anunció que esta vez se preocupará más de los pobres, realizará una "revolución educativa" y encabezará la lucha contra la corrupción.

En esta oportunidad, Toledo tiene algunas ventajas. Buena parte de la ciudadanía tiene un recuerdo positivo de su gestión (2001 - 2006), debido a que, al menos, la economía se mantuvo estable, y que no ocurrieron violaciones a los derechos humanos; incluso impulsó el tema de la CVR. Otro asunto es que fortaleció el sistema democrático, apoyando el Acuerdo Nacional. Incluso pese a los escándalos de su familia, no terminó manchado por temas de corrupción. Hasta ahora no se le encontró nada oscuro. En retrospectiva, su gobierno, si no fue el mejor, fue el menos malo en décadas. 

También tiene segura una buena parte del voto anti-fujimorista que no se quiere encasillar en la izquierda, así como también se ha logrado perfilar como claro opositor a Alan García, posición que ha sido más clara que la del mismo Ollanta Humala, con sus constantes puyas contra el régimen alanista cada vez que retornaba al país. Por ejemplo, en el tema del Baguazo, Toledo salió en defensa de los indígenas amazónicos. Esas cuestiones, y agregando que tenía un nada despreciable 16 por ciento en las encuestas sin ser candidato declarado, pueden ser un hándicap a favor.

Sin embargo, debemos recordar que durante todo su gobierno, Toledo navegó en una cifra de aprobación. Sólo al principio y al final, pudo contar con un relativo respaldo popular. La prensa fue inmisericorde hasta porque impostaba la voz, a diferencia de su pleitesía con la actual gestión. Muchos le enrostrarán su terquedad por firmar el TLC con Estados Unidos, los escándalos de su familia, sus 18 mil dólares de sueldo, sus frases como "¿por qué me aplauden en Wall Street y no aquí?", su sobonería con gente despreciable como Bush y Aznar, tener ministros pro-yanquis como PPK y conservadores como Luis Solari, entre otras perlitas.

Si Toledo quiere ganar (posibilidades tiene) tendría que tomar algunas decisiones. Primero, alejar a su entorno familiar y a la misma Eliane. También debe apartar a esos "ayayeros" que lo desprestigiaron más, como Doris Sánchez, Enith Chuquival, y otras perlas que todos y todas recordamos muy bien. Gracias a Dios, ya no tiene cerca a PPK ni a gente como el "chauchiller" Fernando Olivera. Seguro que lo odiarán los alanistas porque Toledo lo derrotó en el 2001; los fujimoristas porque encabezó la resistencia contra la dictadura; la izquierda, sea caviar o cavernaria, por el arrodillamiento ante EE. UU. durante su primer período.

Sumando todos sus activos y pasivos, Toledo tiene todas las posibilidades de volver a ser electo. Después de Alan García, es acaso el político que tiene más facilidad para variar su discurso sin despeinarse. Sus rivales de enfrente no tienen esa misma habilidad, y puede que en el camino electoral se diluyan por sus inconsistencias, como es el caso de Keiko (liberar a su papi), Castañeda (cuando comience a hablar, la verá verde), y Humala (en las formas). Por eso, y antes que todo, Toledo debe tener en cuenta que su mayor enemigo es él mismo.

lunes, 16 de julio de 2007

Parar los paros con diálogo, y no con mano dura

Este mes es el mes de los paros. Las “bombas de tiempo” que dejó el gobierno de Alejandro Toledo (hay que decirlo así, aunque a los neoliberales les amargue la vida) ya comenzaron a estallar. Pese al crecimiento económico que vive el país, también hay injusticia económica. Y esto es herencia del toledismo, que pese a mantener la democracia, continuó con las políticas neoliberales del dictador Alberto Fujimori.

Sin embargo, esto también es culpa del actual gobierno. Sí, el que encabeza Alan García. Él sabía al escenario al que se iba a enfrentar. Sin embargo, continuó con lo hecho por Toledo y Fujimori, y aún peor. La gente de a pie comprueba todos los días que el crecimiento no llega a sus bolsillos. Por eso han explosionado las bombas de las que hablaban los “defensistas” de Alan antes de asumir el poder. Por eso que el mismo gobierno

Hay paro de maestros, encabezado por el SUTEP. La huelga continuará, dice Luis Muñoz, su secretario general. Exigen una mesa de diálogo, por lo menos. Es cierto que el SUTEP tiene intereses mezquinos, pero en algunas cosas no les falta razón. También hay huelgas de campesinos y mineros, debido a la indiferencia de parte del Ministerio, luego de que asumiera Ismael Benavides como titular, en el primer caso; y por el maltrato de los empresarios de las empresas mineras, en el segundo, y con una contemplación increíble de parte del ministro del sector, Juan Valdivia.

En suma, todos estos reclamos son justos. Unos pocos se llevan grandes utilidades de nuestras riquezas, y las grandes mayoría no gozan de esos beneficios. Por eso se levantan.

Ante ello, el gobierno se ha comportado de la manera más intolerante. El presidente Alan García ha insultado a los manifestantes, y anunció “mano dura” contra estos. Incluso ha tomado mano de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, para que apliquen la ley ante cualquier revoltoso. Típica muestra de un gobernante que se torna autoritario, plenamente de derecha cavernaria. Lo más curioso es que su mentor, el gran Víctor Raúl Haya de la Torre, fundó un partido como el APRA, el cual defendía plenamente a los trabajadores y su derecho a la protesta; así como a los sectores oprimidos, en búsqueda de la justicia social y la democracia.

Esta situación se le ha escapado de las manos al gobierno. Por ello, no le quedan más que dos acciones. La primera, es que debe aceptar el diálogo con los sectores que reclaman, y llegar a acuerdos y soluciones. En esto consiste un gobierno socialdemócrata, sin caer en radicalismos tipo Chávez o Morales. García debe recordar que se catalogó como “socialista moderno”, cuando visitó a la mandataria chilena Michelle Bachelet en junio del año pasado. Lo segundo es un cambio urgente de gabinete, alejándose de los cuadros de la derecha, y tomando mano de elementos más vinculados a la centro-izquierda.

Si el régimen aprista, cada vez más inclinado a la derecha reaccionaria, no toma estas medidas, las bombas le estallarán en la cara a García y a su régimen, que ya no pasará a la historia como pregonaba en la campaña electoral, sino que además de mandar al Partido Aprista a la tumba, dejará al país en manos de los radicalismos como los de Hugo Chávez. Y se verá hipotecada una vez más la democracia, en beneficio de modelos autoritarios y populistas.

jueves, 26 de abril de 2007

No se preocupe, señor Humala


El alicaído líder del alicaído Partido Nacionalista, Ollanta Humala, ha anunciado que parlamentarios de su bancada viajarán a los Estados Unidos, para “impedir” que se suscriba el Tratado de Libre Comercio con el país del norte, y solicitar que se prorrogue el ATPDEA. Esto luego del retorno del presidente Alan García del mismo lugar, para promover lo contrario: que se logre el TLC.

Alan García viajó a los Estados Unidos por cumplir, presionado por esa derecha (con la cual ha pactado claramente) para que haga lobby sobre este asunto, pues los intereses de la derecha son más económicos que políticos: tienen muchos vínculos con empresas norteamericanas que, naturalmente, se beneficiarán con el TLC. Ha ido de mala gana, pues más quiere hacer juego político que confirmar un importante acuerdo comercial, puesto que con esta actitud, le hace guiños a la derecha para tener un buen soporte gubernamentales en la interna nuestra.

Sin embargo, el periplo realizado por Alan en los “yunaites” no va servir de nada. Porque en este momento, los políticos norteamericanos (entre ellos varios parlamentarios) están preparándose con todo para la próxima campaña electoral del 2008, en la que se elegirá un nuevo presidente y nuevos integrantes de la Cámara de Representantes (algo parecido a los diputados). Ese es el tema fundamental para la política yanqui. El TLC con Perú quedará a un lado, por más lobby que realice el gobierno peruano.

Y de otro lado, las exigencias de los parlamentarios demócratas (hoy mayoría en el Capitolio, gran dolor de cabeza para el invasor Bush) de mejorar las condiciones laborales en la parte peruana, no se están tomando en cuenta aquí. Y no se tomarán: el gobierno no está asumiendo una defensa plena de los derechos de los trabajadores. En ese sentido, los demócratas no apoyarán la ratificación del TLC.

Por último, los demócratas le harán la vida imposible a Bush en su último año de gobierno. Y no sólo con el tema de Irak, en el cual exigen la retirada de las tropas yanquis del Medio Oriente. El TLC es todo un impulso de Bush para mantener el dominio (aunque sea económico) de América Latina. Y los demócratas no lo permitirán, no tanto porque nos quieran mucho, sino para que se diga que el proyecto de Bush fracasó.

Estas razones hacen suponer que no se firmará el TLC. El viaje de la bancada nacionalista es inútil. Además, si no pueden elaborar bien sus propuestas en el Congreso peruano, menos podrán convencer a sus colegas yanquis.

Por eso, no es necesario que viajen sus congresistas, señor Humala. El TLC no se firmará. Más bien, es mejor que se dedique a rearmar su partido, que parece desaparecido del mapa político.