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lunes, 16 de julio de 2007

Parar los paros con diálogo, y no con mano dura

Este mes es el mes de los paros. Las “bombas de tiempo” que dejó el gobierno de Alejandro Toledo (hay que decirlo así, aunque a los neoliberales les amargue la vida) ya comenzaron a estallar. Pese al crecimiento económico que vive el país, también hay injusticia económica. Y esto es herencia del toledismo, que pese a mantener la democracia, continuó con las políticas neoliberales del dictador Alberto Fujimori.

Sin embargo, esto también es culpa del actual gobierno. Sí, el que encabeza Alan García. Él sabía al escenario al que se iba a enfrentar. Sin embargo, continuó con lo hecho por Toledo y Fujimori, y aún peor. La gente de a pie comprueba todos los días que el crecimiento no llega a sus bolsillos. Por eso han explosionado las bombas de las que hablaban los “defensistas” de Alan antes de asumir el poder. Por eso que el mismo gobierno

Hay paro de maestros, encabezado por el SUTEP. La huelga continuará, dice Luis Muñoz, su secretario general. Exigen una mesa de diálogo, por lo menos. Es cierto que el SUTEP tiene intereses mezquinos, pero en algunas cosas no les falta razón. También hay huelgas de campesinos y mineros, debido a la indiferencia de parte del Ministerio, luego de que asumiera Ismael Benavides como titular, en el primer caso; y por el maltrato de los empresarios de las empresas mineras, en el segundo, y con una contemplación increíble de parte del ministro del sector, Juan Valdivia.

En suma, todos estos reclamos son justos. Unos pocos se llevan grandes utilidades de nuestras riquezas, y las grandes mayoría no gozan de esos beneficios. Por eso se levantan.

Ante ello, el gobierno se ha comportado de la manera más intolerante. El presidente Alan García ha insultado a los manifestantes, y anunció “mano dura” contra estos. Incluso ha tomado mano de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, para que apliquen la ley ante cualquier revoltoso. Típica muestra de un gobernante que se torna autoritario, plenamente de derecha cavernaria. Lo más curioso es que su mentor, el gran Víctor Raúl Haya de la Torre, fundó un partido como el APRA, el cual defendía plenamente a los trabajadores y su derecho a la protesta; así como a los sectores oprimidos, en búsqueda de la justicia social y la democracia.

Esta situación se le ha escapado de las manos al gobierno. Por ello, no le quedan más que dos acciones. La primera, es que debe aceptar el diálogo con los sectores que reclaman, y llegar a acuerdos y soluciones. En esto consiste un gobierno socialdemócrata, sin caer en radicalismos tipo Chávez o Morales. García debe recordar que se catalogó como “socialista moderno”, cuando visitó a la mandataria chilena Michelle Bachelet en junio del año pasado. Lo segundo es un cambio urgente de gabinete, alejándose de los cuadros de la derecha, y tomando mano de elementos más vinculados a la centro-izquierda.

Si el régimen aprista, cada vez más inclinado a la derecha reaccionaria, no toma estas medidas, las bombas le estallarán en la cara a García y a su régimen, que ya no pasará a la historia como pregonaba en la campaña electoral, sino que además de mandar al Partido Aprista a la tumba, dejará al país en manos de los radicalismos como los de Hugo Chávez. Y se verá hipotecada una vez más la democracia, en beneficio de modelos autoritarios y populistas.

lunes, 21 de mayo de 2007

El fin de Chiquitín

Juan José Salazar ha renunciado al Ministerio de Agricultura. Ha manifestado que se retira para no afectar la imagen del gobierno, luego del último suceso en el que se vio involucrado: la firma de un acta con cocaleros en Quillabamba, en la cual supuestamente el Perú se retirará de la Convención de Viena, documento que penaliza la producción de hoja de coca ilegal, con destino al narcotráfico.

Este hecho ha sido lamentado por los sectores vinculados al agro en el Perú, sobretodo por los cocaleros. El popular “Chiquitín” pretendió establecer un diálogo con estos sectores, satanizados injustamente por cierta prensa y la opinión pública dirigida por esta, como si fueran los mismos hijos del demonio, en vez de descifrar las razones que los empujan a establecer, en algunos casos, comercio con el propio narcotráfico.

Este hecho ha sido más bien celebrado por los grandes negociadores de los productos agrícolas, que pesetean a los campesinos con migajas, y luego ellos salen con jugosas sobreganancias. Es que ellos no entienden la realidad del agricultor peruano, que ante el poco valor económico que se le da a sus productos. Por eso algunos acuden al cultivo de la hoja de coca, para poder sobrevivir.

“Chiquitín” entendió plenamente a estos sectores, pues ha sido uno de los pocos ministros del sector que se ha dedicado plenamente a la agricultura, y por eso comprende las necesidades y las penurias de un agricultor. Ni siquiera uno de nosotros puede entenderlo, los que vivimos en Lima y tenemos pan y leche todos los días.

El ahora ex ministro ha señalado que no se guía “por los parámetros oficiales”, los cuales consisten en erradicación a toda costa de los cultivos de coca, lo cual es demandado por la “lucha” contra el narcotráfico. “Siempre he manifestado la verdad, y la verdad duele en este país, he dicho cosas que nadie se atrevió a decir en este país”.

Es cierto. “La política antidrogas ha sido un fracaso”, manifestó en marzo, cuando acudió al Congreso a declarar por el tema del acta de Tocache, soltándole los perros no sólo al gobierno aprista del cual era parte, sino a los anteriores, que basaban su forma de combatir el narcotráfico siguiendo los parámetros internacionales.

Y los parámetros internacionales indican que hay que hacer eso: erradicar cultivos de manera indiscriminada, creando más hambre y miseria en los agricultores y a sus familias, a costa de los grandes millones de dólares que se mueven en este tema, donde ganan los gobiernos y las instituciones que trabajan el tema antidrogas. Todo está dirigido desde Europa y Estados Unidos, potencia que nunca sabrán ni entenderán para qué le sirve a un indígena de los andes chacchar una hoja de coca, porque sus mentalidades no comprenden aún a los pueblos latinoamericanos, cinco siglos después.

Y esto tampoco lo entiende el gobierno de Alan García, quien ha preferido entenderse con los poderosos, en vez de solucionar los grandes problemas del agro. Pierde un ministro que quería concertar, acto que Alan predicaba siempre en las campañas electorales.

Una pregunta final: ¿Qué fue de Sierra Exportadora, señor Presidente? No se oye.