domingo, 24 de agosto de 2008

El Congreso se puso los pantalones

La derogación de los decretos legislativos 1015 y 1073 constituye un verdadero triunfo de la democracia en nuestro país. Se ha impuesto la voluntad general de los pueblos (tal como lo dijera San Martín al proclamar nuestra independencia de España), por encima de la voluntad de las minorías que siempre han gobernado el país. Se ha impuesto el interés general sobre el particular.

Estos decretos, que comprendían lo que fue denominada como "La Ley de la Selva", buscaban promover la inversión privada en el territorio amazónico, una de las acciones contempladas en el famoso artículo del presidente Alan García, titulado "El Perro del Hortelano". Con esto, supuestamente se integraría a las comunidades de la selva (y de la sierra), al crecimiento económico que experimenta el país por estos años, y les permitiría su avance y desarrollo.

Sin embargo, con la promulgación de esta norma las comunidades prácticamente perdían la propiedad de sus tierras, en beneficio de los grandes empresarios (la gran mayoría extranjeros, chilenos y norteamericanos). La norma fue promovida por el Poder Ejecutivo de manera unilateral, casi autoritaria y dictatorial, sin haber conversado previamente con las comunidades acerca de un acuerdo conjunto, para elaborar una norma que realmente promueva el desarrollo de estos pueblos.

Obviamente, esto generó la reacción airada de los pueblos amazónicos, que en su totalidad tomaron puentes y carreteras, como su única (y legítima) forma de hacer sentir su reclamo. El gobierno se vio desbordado (otra vez) por un nuevo conflicto social, esta vez no en el sur del país, zona a la que se tilda injustamente de revoltosa, sino en el oriente.

Esta vez, el Congreso no se hizo de la vista gorda ante el problema, como en anteriores ocasiones. La Comisión de Pueblos Andinos y Amazónicos, dictaminó la derogación de estos decretos. Finalmente, el Pleno, en sesión realizada el pasado viernes, se puso los pantalones y confirmó esta anulación. Sólo la bancada aprista, atada de pies y manos a las decisiones del obeso mandatario, su cúpula partidaria y la derecha cavernaria, votó en contra de la derogación. En cambio, las otras bancadas (incluida la fujimorista, supuesta aliada del alanismo), manifestaron su decisión de dejar sin efecto la "Ley de la Selva".

Con esto, el Congreso se ha reivindicado ante la población. Ha dejado de lado su papel pasivo y casi pintoresco para ser un agente activo de la gobernabilidad. Logró frenar el desequilibrio (aunque aún existe) entre Estado y Sociedad Civil. Ante el grave conflicto social en la selva, intervino de inmediato para que este cese, y se apueste por una negociación. La derogación de estos decretos trajo como consecuencia la paralización de las protestas, y la vuelta a la calma social (por ahora) en el país.

Por eso, esta actitud del Congreso es un triunfo de la democracia, porque por fin el “primer poder del Estado”, en el que están representados los ciudadanos de este país, ha preferido representar los intereses de las mayorías, antes que ceder a los intereses de unos pocos. Quizás hayan habido presiones de sectores como las ONG's u otras asociaciones, pero en esta ocasión han servido para los intereses legítimos de poblaciones que, encima de ser olvidadas por el Estado, ahora estaban siendo atropelladas por éste mismo.

Ojalá que este sea un punto de inflexión en el cual el Congreso, ahora sí, asuma su papel como actor dentro del Estado. Y a la vez que el Ejecutivo gire 180 grados su estilo de gobernar. Que se torne más dialogante y promueva la participación de los diferentes sectores del país en la búsqueda de su desarrollo, y no mantenerlos al margen de sus decisiones, en las que buscan el beneficio de unos pocos, como es notorio que está sucediendo.

Si todo esto ocurre, por fin se gestará la existencia de una verdadera democracia funcional en el país.

domingo, 3 de agosto de 2008

Antonio Banderas debe renunciar

La última semana, las palabras más recurrentes en los titulares de los diarios han sido “accidente”, “carreteras”, “muertos”. Evidentemente, son temas relacionados a que nuestros caminos, que conectan varias ciudades del Perú, se han teñido de sangre.

Los accidentes de carretera, con sus muertos y heridos, ya han dejado cerca de medio millar de muertos en lo que va del año. Y parece que no tienen cuándo acabar: se suceden uno a otro, sobretodo en época de feriados.

Aquí hay varias responsabilidades compartidas. En primer lugar, la informalidad imperante y existente en las empresas de transporte interprovincial. Esto está relacionado a la forma de hacer empresa de quienes incursionan en este rubro, quienes no protegen para nada a sus trabajadores choferes, haciéndolos trabajar en exceso, lo cual es sumamente peligroso, no sólo por el abuso laboral, sino porque su cansancio es determinante para que ocurran estas desgracias.

Los choferes también tienen su responsabilidad en este asunto. La cultura “combi” no sólo está presente en las pistas limeñas; se ha extendido a las carreteras interprovinciales. Nuestros conductores de buses no acostumbran respetar las normas de tránsito. Recurren siempre a la “criollada” para conducir, y eludir las reglas.

Pero la máxima responsable es, sin duda alguna, la titular del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), Verónica Zavala. Desde que está presente en este sector (van dos años), se han incrementado los accidentes en las carreteras. Y no sólo esto: también han aumentado los asaltos a los pasajeros.

Para atajar estos problemas, Zavala impulsó desde su portafolio el plan denominado “Tolerancia Cero”, el cual suponía que detendría la racha de accidentes y asaltos en las carreteras. Sin embargo, no ha dado resultado, y la situación ni siquiera se mantiene igual: ha empeorado. Fue un fracaso.

Por ello, la ministra debe renunciar a su puesto. Así como se pide la dimisión de Lucho Alva en Interior, por su incapacidad demostrada en el sector, de igual forma se le debe presionar a Zavala. Porque también demostró incapacidad.

PD: Es evidente que, ahora que la ministra ha adelgazado (entró gordita al gobierno), tiene un gran parecido al actor de “La Máscara del Zorro”.

domingo, 27 de julio de 2008

Lo que ofende a la nacionalidad

Nuestros políticos han puesto el grito en el cielo a causa de unas fotos en las que una guapa y exuberante bailarina de un conocido grupo de cumbia, digna representante de nuestra belleza nacional, aparece completamente desnuda, montada en un caballo cubierto por la bandera peruana. Algunos congresistas han mencionado que se ha mancillado el símbolo nacional; la cereza de la torta la puso el ministro de Defensa, Ántero Flores – Aráoz, al decir que le pondrá una denuncia penal por esta razón.

Esta actitud de nuestros políticos esta relacionada con esa moralina hipócrita que siempre han mostrado, al igual que un sector de nuestra sociedad peruana que se muestra muy recatado, pero que hace sus cositas a escondidas. Ya lo acaba de decir el ex congresista Javier Diez Canseco, uno de los pocos que puede jactarse de haber pasado por la política con pulcritud, al respecto: “Apostaría que alguno de los ministros que ahora parecen indignados debe tener en alguno de los cajones de su escritorio varias de esas fotos porque conozco perfectamente el carácter de algunos de ellos”.

Y es hipócrita porque hay cosas que los políticos han hecho, sobretodo en las últimas dos décadas, que realmente han ofendido el honor de la Patria. Empezando con el Congreso, donde han habido parlamentarios tránsfugas, que se pasaban de una tienda política a otra a cambio de gollerías (y hasta dinero); otros que han utilizado sus influencias para colocar familiares en puestos del Estado (y a las mismas “amantes”); y hasta violadores de menores de edad hemos tenido.

Otro ejemplo es el último audio descubierto donde se muestra un diálogo entre dos congresistas, en el que uno le señala al otro que lo más importante no es el interés del país, sino el personal. Y se lo dice de la manera más descarada. Esto es sólo la muestra de un botón de toda la putrefacción que los envuelve.

No obstante, peor que esto es la soberbia y el olvido del pasado, traducida en el ocultar de la responsabilidad del Estado en la época de la violencia política, vivida en las décadas de 1980 y 1990. Recordemos que hace poco más de un mes, fueron halladas varias fosas en la localidad de Putis, en Ayacucho, donde yacían cientos de restos de campesinos del lugar. Incluso se halló cuerpos de madres sosteniendo a sus hijos, que quizás no pasaban los dos años de edad.

Todo esto bajo responsabilidad comprobada del Ejército peruano, que asesinó injustificadamente a estos inocentes, en el marco de la mal llamada “lucha contra la subversión”, que al final devino en un genocidio, tanto de parte del Estado como de Sendero Luminoso.

Flores - Aráoz ha decidido demandar a la bailarina, pero también ha resuelto no entregar documentos sobre los sucesos de Putis, acaecidos hace 24 años. Esto sí mancha al Estado de sangre. Esto sí ofende la memoria y la razón de millones de peruanos marcados por un conflicto armado que hasta el día de hoy, ha dejado muchas secuelas y heridas. Los ciudadanos pagamos nuestros impuestos al Estado, para que éste gobierne con justicia y rectitud, para que reconcilie a sus ciudadanos; y no para que aproveche sucesos como los de una bailarina que oculta su desnudez en una bandera peruana, y fabrique “cortinas de humo”.

Lo otro, no merece ninguna sanción más que la moral. Esto, claro está, para quienes lo consideren así. De mi parte, que quede allí.

PD: A todos los peruanos, felices fiestas patrias. Feliz 28.

domingo, 20 de julio de 2008

Alan García y el fantasma de la inflación

Está demás decir que cuando los peruanos escuchamos la palabra “inflación”, inmediatamente lo relacionamos al presidente Alan García. Y es que en su primera gestión gubernamental fue lo que más se notó, debido a un manejo desequilibrado de la economía nacional (no necesariamente por lo estatista), tanto que llegó a ser una verdadera “hiper-inflación”. Todo esto gracias a la utilización excesiva de la “maquinita” para fabricar un dinero que era una ilusión en las manos de los trabajadores y de las amas de casa.

Esto lo ha entendido muy bien el presidente. Por ello, desde el comienzo de su segundo régimen comenzó a tomar precauciones al respecto. Desde el vamos, evitó repetir la fórmula de su primer gobierno, con lo cual la inflación mantuvo los mismos estándares de esta década: menos de uno o uno por ciento anual. Sin embargo, al final de 2007, la inflación pasó al 4 % anual, lo cual, pese a no acercarse para nada a aquellos 3 o 4 dígitos del 85 al 90, causó alarma entre un buen sector de la población, el cual sin ser entendido en la materia culparon a García, más por sus antecedentes que por sus yerros actuales.

Aquí hay que ser justos: en primer lugar, el aumento de la inflación que tenemos en el Perú, también se está dando en Argentina y Ecuador, países que están aplicando un modelo económico muy distinto al nuestro. También se da en España, que está bajo las reglas del mercado (aunque claramente más desarrollado que el Perú). Entonces, la inflación es un fenómeno internacional, tal como lo dice García.

Pero lo mismo ocurría en la década de 1980, pues casi todos los países de América Latina sufrían de inflaciones altísimas; está claro que Perú tuvo la más alta.. La diferencia está en que esa época, América Latina tenía problemas de escasez, y corría poco dinero. Fue allí donde varios estados comenzaron a privatizar sus servicios. Perú siguió fiel a una heterodoxia económica izquierdista, que lo llevó al colapso económico.

Ahora, la razón es más globalizada: La presencia (abusiva) de las tropas norteamericanas en Irak ha causado el aumento desmedido del precio del petróleo, lo cual genera el incremento de precios de los productos de primera necesidad. Además de esto, la administración Bush ha invertido buena cantidad del presupuesto de los Estados Unidos, motivo por el que se encuentra en crisis económica. Y es obvio que la economía del país del Norte influye en economías como las nuestras, que por años han sido dependientes de que lo que haga la nación de bandera con estrellitas y rayitas.

Si bien es cierto las cifras no son enormes como en los ’80 (ni llegarán a ser como antaño, según especialistas), lo cierto es que la inflación golpea siempre a los más pobres, a los de escasos recursos. Ahora tienen que ajustarse más que antes. Y sin aumento de sueldos, la cosa va para peor.

Esta vez, la responsabilidad de Alan García radica en que sencillamente, no está haciendo nada. Esto se demuestra cuando el presidente recomienda a las amas de casa que no consuman el producto X porque está subiendo, mejor consuman el producto Y porque no sube. Eso se llama inacción. Además, está respondiendo a la lógica cruel del mercado: que el Estado no haga nada, porque el mercado lo resolverá. Más bien el Estado es el que tiene que intervenir, doctor García; pero sin fórmulas que, usted sabe, nos llevaron al fracaso.

jueves, 17 de julio de 2008

El maracanazo y los días post-paro

Los traumas son esos demonios que uno tiene en su interior, ante los cuales es muy difícil luchar, a menos que uno ponga un gran esfuerzo de su parte. Muchas veces, nos impiden avanzar hacia cosas que nos hemos propuesto hacer. Simplemente, nos inmovilizan. Otro mecanismo de defensa es no volver a usar la misma estrategia, o pasar por el mismo camino, para evitar que vuelva a ocurrir.

Sin duda alguna, un trauma para todo brasilero aficionado al fútbol es cuando su selección se enfrenta a la de Uruguay. Ver esa camiseta celeste frente a su “verde-amarelha” a veces da espanto. Pero otras veces es signo de respeto.
Este trauma se originó el 16 de julio de 1950, hace 58 años y un día, cuando la celeste se impuso a Brasil por dos a uno, como visitante en el Maracaná, y ganó una Copa del Mundo que el gigante sudamericano ya creía suya. Con goleada incluida sobre la celeste.

A Brasil sólo le bastaba empatar para ganar la Copa. Goleadas aplastantes ante Suecia (7-1) y España (6-1), le daban ventaja sobre Uruguay, que apenas empató con los hispánicos (2-2) y sufrió para derrotar a los escandinavos (3-2). Sin embargo, en la cultura futbolística brasilera, está bien presente que al rival no hay que derrotarlo simplemente, sino que hay que GOLEARLO.

Por ello, los “canarinhos” salieron al campo del Maracaná con todo, previa fiesta anticipada, con fuegos artificiales y todo ello. Pero Uruguay ya conocía a su rival, y simplemente aguantó el cero todo el primer tiempo, para que, después de encajar el primer gol, hacerles dos a los brasileros, y llevarse un título que locales no esperaban les fuera arrebatado en su propia cancha.

Desde allí, los partidos que Brasil disputaba ante Uruguay no serían iguales. Incluso, se vengaría en México 1970, cuando esa orquesta comandada por Pelé le volteó el partido a los “charrúas” por tres a uno. Pero, cada vez que se miden, siempre hay un temor y respeto de los brasileros a esa camiseta celeste, ahora alicaída, pero siempre gloriosa.
Quizás sea brusco el cambio de tema, pero algo parecido le sucede a nuestro presidente, el doctor Alan García. Es obvio que se quedó traumado con los resultados de su primera gestión, en la que implementó medidas estatistas. Ahora está haciendo todo al revés: incluso quiere privatizar la selva. Tiene miedo a que se venga otro desastre económico como en su gobierno de 1985 a 1990.
Pero con el crecimiento económico actual, es imprescindible que el Estado se haga más presente. No necesariamente estatizando, pero sí interviniendo ante los claros abusos del capital privado hacia el pueblo. Es por eso que, pese a que no fue una mayoría, mucha gente paró el pasado 9 de julio, para hacerle sentir al gobierno que el camino económico que está siguiendo está generando más exclusión y pobreza entre los peruanos. Si bien es cierto no fue apoyado masivamente, el paro ha generado un apoyo en sectores importantes de la población.
Por eso, es necesario un giro en esta materia. Pero Alan no se atreve, traumado porque es más fuerte su miedo a que la derecha se le venga encima, o que se venga otra crisis económica; que la necesidad de cambio que pide el país.