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jueves, 17 de julio de 2008

El maracanazo y los días post-paro

Los traumas son esos demonios que uno tiene en su interior, ante los cuales es muy difícil luchar, a menos que uno ponga un gran esfuerzo de su parte. Muchas veces, nos impiden avanzar hacia cosas que nos hemos propuesto hacer. Simplemente, nos inmovilizan. Otro mecanismo de defensa es no volver a usar la misma estrategia, o pasar por el mismo camino, para evitar que vuelva a ocurrir.

Sin duda alguna, un trauma para todo brasilero aficionado al fútbol es cuando su selección se enfrenta a la de Uruguay. Ver esa camiseta celeste frente a su “verde-amarelha” a veces da espanto. Pero otras veces es signo de respeto.
Este trauma se originó el 16 de julio de 1950, hace 58 años y un día, cuando la celeste se impuso a Brasil por dos a uno, como visitante en el Maracaná, y ganó una Copa del Mundo que el gigante sudamericano ya creía suya. Con goleada incluida sobre la celeste.

A Brasil sólo le bastaba empatar para ganar la Copa. Goleadas aplastantes ante Suecia (7-1) y España (6-1), le daban ventaja sobre Uruguay, que apenas empató con los hispánicos (2-2) y sufrió para derrotar a los escandinavos (3-2). Sin embargo, en la cultura futbolística brasilera, está bien presente que al rival no hay que derrotarlo simplemente, sino que hay que GOLEARLO.

Por ello, los “canarinhos” salieron al campo del Maracaná con todo, previa fiesta anticipada, con fuegos artificiales y todo ello. Pero Uruguay ya conocía a su rival, y simplemente aguantó el cero todo el primer tiempo, para que, después de encajar el primer gol, hacerles dos a los brasileros, y llevarse un título que locales no esperaban les fuera arrebatado en su propia cancha.

Desde allí, los partidos que Brasil disputaba ante Uruguay no serían iguales. Incluso, se vengaría en México 1970, cuando esa orquesta comandada por Pelé le volteó el partido a los “charrúas” por tres a uno. Pero, cada vez que se miden, siempre hay un temor y respeto de los brasileros a esa camiseta celeste, ahora alicaída, pero siempre gloriosa.
Quizás sea brusco el cambio de tema, pero algo parecido le sucede a nuestro presidente, el doctor Alan García. Es obvio que se quedó traumado con los resultados de su primera gestión, en la que implementó medidas estatistas. Ahora está haciendo todo al revés: incluso quiere privatizar la selva. Tiene miedo a que se venga otro desastre económico como en su gobierno de 1985 a 1990.
Pero con el crecimiento económico actual, es imprescindible que el Estado se haga más presente. No necesariamente estatizando, pero sí interviniendo ante los claros abusos del capital privado hacia el pueblo. Es por eso que, pese a que no fue una mayoría, mucha gente paró el pasado 9 de julio, para hacerle sentir al gobierno que el camino económico que está siguiendo está generando más exclusión y pobreza entre los peruanos. Si bien es cierto no fue apoyado masivamente, el paro ha generado un apoyo en sectores importantes de la población.
Por eso, es necesario un giro en esta materia. Pero Alan no se atreve, traumado porque es más fuerte su miedo a que la derecha se le venga encima, o que se venga otra crisis económica; que la necesidad de cambio que pide el país.

lunes, 2 de julio de 2007

A desactivar las bombas, doctor García

Luego del triunfo electoral aprista del 4 de Junio de 2006, los compañeros comenzaron a declarar que el saliente gobierno de Alejandro Toledo les dejaba “bombas de tiempo”. Así se le pasaron durante todo el casi mes y medio que esperaron la transferencia de mando. En ese momento, los dirigentes apristas y toledistas intercambiaron puyazos, como una forma de distraer a la atención pública y al periodismo. Luego de la asunción de mando de Alan García, ese tema pasó al olvido hasta ahora.

Aunque muchos quieran negarlo, y resistirse a aceptarlo, los compañeros tenían razón. La estabilidad macroeconómica que dejó el régimen de la chakana no sirvió de nada frente al gran bolsón de pobreza que existe en el país: la mitad del país en situación de pobreza, y casi una quinta parte en extrema pobreza. Además de dejar pendientes muchas cuestiones sobre demandas laborales, exoneraciones de impuestos, entre otros.

Todas estas bombas han comenzado a estallar por aquí y por allá. En Ucayali, en el centro, en Cajamarca, en la sierra limeña (Casapalca), etc. Gran cantidad de paros, huelgas y demás reclamos sociales se deben al maltrato de las empresas mineras a sus trabajadores. Mientras estas engordan cada vez más respecto a sus utilidades, maltratan a sus obreros, pagándoles sueldo de miseria y mantener a la mayoría fuera de las planillas. Además de aportar minucias al Estado, sin pagar impuestos como cualquier común lo hace.

Todo esto es herencia del toledismo, aplicado discípulo del fujimorismo en materia económica, el cual dio inicio a este invierno neoliberal que domina el Perú desde hace casi dos décadas. Esas son las bombas que denunciaban los seguidores de García, pero ahora en el gobierno, parecen poco o nada preocupados por desactivarlas.

Alan García enarbolaba las banderas de mejor trato a los trabajadores, de la eliminación de los services, entre otros beneficios laborales; pero no ha cumplido con ninguna de sus propuestas. Ahora se la pasa criticando a quienes inician paros y huelgas, a quienes reclaman justicia social, esa que el actual presidente predicaba en las últimas campañas electorales. Los acuerdos con la Telefónica y las empresas mineras han resultado mucho más beneficiosos para estas que para el Estado, para poner un ejemplo.

Lo mejor que puede hacer el gobierno, es ponerse los pantalones, y demostrar que el que manda en el país es el Estado, y no los grandes capitales de las transnacionales. Así podrá desactivar esas bombas que tanto criticó. Es hora de dejar de pensar que se sigue en la campaña electoral (que ya terminó hace más de un año), y ponerse a trabajar.

De lo contrario, las bombas no sólo estallarán, sino que se crearán otras más grandes de las cuales no podrá culpar al toledismo, y las heredará su sucesor, que puede resultar un Humala más radicalizado, y sigamos el camino de los extremos como Venezuela y Bolivia. Ojo que casi estuvimos a un paso.