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lunes, 3 de mayo de 2010

La crisis del APRA viene de antes

Mauricio Mulder afirmó, en una entrevista concedida hace un par de semanas al diario La República, que el Partido Aprista atraviesa una seria crisis.

Evidentemente, Mulder dijo esto en referencia a las recientes denuncias por corrupción en las que se han visto envueltos sus secretarios generales, Jorge Del Castillo y Omar Quezada. Estos hechos han provocado un remezón en el partido que fundara Víctor Raúl Haya de la Torre.

Remezón que es evidencia de una crisis que no es reciente, como quiere dar a entender Mulder. Esta situación viene de años, y se ha acentuado durante el período en que él estuvo como secretario general. Una situación como ésta no se da en unos pocos días. Viene de tiempo atrás. Para entender esto, es necesario hacer un recuento histórico.

El APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) fue fundado en 1924 en México como un movimiento continental que buscaba la afirmación de las soberanías de las naciones latinoamericanas, en respuesta a los imperialismos. Todo aquel que se adhiriera a la nueva doctrina, era denominado "aprista". Pese a que tenía dimensión latinoamericana, mostrando su influencia con la fundación de partidos como el PRI mexicano y Acción Democrática en Venezuela, y en políticos como Perón en Argentina y Getúlio Vargas en Brasil. Pese a esto, su espacio se redujo a nuestro país, con la fundación del Partido Aprista en 1930; aunque sin desvincularse con sus llamados "partidos hermanos".

De posiciones reformistas en sus primeros treinta años, y obligado por las constantes persecuciones, el APRA tuvo que pactar con sus otrora archienemigos: primero con Prado (la "convivencia" de 1956) y con su perseguidor Odría (la Coalición de 1963). Allí perdió apoyo popular, el cual comenzó a volcarse hacia una izquierda que comenzaba a gestarse en esos años, y tendría su apogeo en los años '80. Y perdió la oportunidad de ser gobierno, cuando en 1968 un golpe de Estado de militares revolucionarios sacó a Belaúnde del poder, y se quedó en Palacio 12 años. No obstante, el APRA recuperó fuerzas cuando logró la mayor votación en las elecciones para la Constituyente de 1978, con Haya de la Torre como su presidente. Sin embargo, sufrió un duro golpe con su muerte al año siguiente. Entonces llegó el debate acerca de quién sería el sucesor.

Más allá de que Armando Villanueva fuera elegido el candidato presidencial en 1980, y perdiera dignamente ante Fernando Belaúnde, casi todos los líderes de la generación del popular "zapatón" andaban por los 60 y 70 años de edad. Y se asomaba una generación de entre los 30 y 40 años, cuya cara más visible era un muchacho llamado Alan García.

Alan García saltó a la palestra política en la Constituyente de 1978. Y su ascenso fue rápido. Fue cabeza de lista de Diputados en la campaña del '80. Y en 1982, derrotó al ilustre abogado Carlos Enrique Melgar en la elección por la secretaría general del APRA. Con sólo 33 años, se erigió como la esperanza renovadora, no sólo del Partido Aprista, sino de la política peruana, que estaba cansada de sesentones y setentones que tenían años en las curules.

Y en 1985 se hizo de la presidencia. Los dos primeros años de García fueron de bonanza económica en el país, y gozó de inmensa popularidad. Pero hechos como la matanza del Frontón en junio de 1986, la galopante hiperinflación, además de actos de corrupción, fueron medrando su imagen. Y la de su partido. Aún así, Luis Alva Castro sacó 22 por ciento de los votos, lo cual era más de lo que se esperaba.

Como consecuencia de lo anterior, en la década de 1990 ser aprista era ser un apestado. Un corrupto. Un leproso. No sólo por lo ocurrido en el primer período presidencial de García. Hay que recordar que la campaña de los medios controlados por Fujimori le echó más sal a la olla. La mayoría se tuvo que esconder. Muy pocos salieron a enfrentar a la dictadura.

Volvió la democracia, e inesperadamente el APRA retornó al primer plano del escenario político, sin haberse recuperado plenamente de lo vivido en los '90. Pasó a ser el principal partido de la oposición al régimen de Alejandro Toledo. Aún así, siempre fueron vistos con recelo por gran parte de la población. Pero el miedo a Humala pudo más y los devolvió al poder el 2006, otra vez con García a la cabeza.

La victoria de García no significaba que el APRA estuviera bien. Sólo maquillaba algo que no se veía por dentro. Desde la vuelta de la democracia en el 2000, y hasta el 2006, su padrón no se llenó de gente que necesariamente creyera en los ideales de Víctor Raúl. Tal como ocurrió en los '80. Gente interesada e inescrupulosa, con ganas de vivir del Estado. Y ahora vemos las consecuencias.

El APRA no estaba obligada a salir a la palestra tan rápidamente luego de la caída de Fujimori. Ni debió concentrarse en ayudar a García a volver al poder. Más bien, tendría que haber definido bien hacia dónde apuntaba como movimiento político, antes que servir de maquinaria electoral del presidente. Hacer un análisis y un mea culpa de lo ocurrido entre 1985 y 1990. Luego de eso, podría haberse reafirmado como un partido fuerte, vinculado a los sectores sociales y ayudando a consolidar la institucionalidad del país. El "alanismo", sin duda alguna, pudo más que la reorganización. Y eso es lo que le ha hecho daño.

Entonces, la crisis del APRA no es reciente, señor Mulder. Viene de años. Y parece que se acentuó cuando usted era secretario general.

sábado, 10 de enero de 2009

Armando sigue vigente

Quién puede dudar, en estos momentos, de la autoridad moral y política con la que cuenta Armando Villanueva del Campo. Pese a sus 93 años, el veterano líder aprista mantiene su lucidez y precisión para emitir comentarios como los de esta semana.

Villanueva fue auto-crítico con su propio partido, al señalar que el APRA “está un poco atrasado en su estructura orgánica y no está debidamente adecuado, como (el líder fundador Víctor Raúl) Haya de la Torre previó, para su posterior gran desarrollo nacional”.

Para superar este déficit, Villanueva planteó que se realice un Congreso Nacional, para revisar todos los aspectos políticos y programáticos, y de paso se renueve la dirigencia, haciendo eco al pedido de las bases, las cuales desde la gran derrota aprista en las elecciones regionales del 2006, piden la cabeza del actual secretario general, el congresista Mauricio Mulder.

Que lo diga una persona que pasó las nueve décadas, y no una persona joven, nos dice mucho acerca de cómo está la cuestión interna en el Partido Aprista. Y no porque se tenga en menos la vejez (que es la voz de la experiencia) sino porque estas voces generalmente provienen de ímpetus juveniles.

Eso quiere decir que don Armando mantiene un espíritu joven, en contacto con la realidad. Es un hombre que no se ha quedado en el tiempo, sino que está al tanto de la realidad política del país. Y además es hidalgo en señalar públicamente las deficiencias del APRA, del cual es militante por más de siete decenios.

Y está también la trayectoria política de don Armando: dirigente de la JAP (Juventud Aprista Peruana) en sus años mozos, vocero de la Célula Parlamentaria Aprista en la época de la dictadura de Velasco, deportado varias veces por sus ideales políticos (la última a los 60 años, en 1975), candidato presidencial (1980), primer ministro, etc. Y ahora que no tiene ningún puesto, sigue dando que hablar en la política nacional.

Estas virtudes no las posee ninguno de los que están en la dirigencia política del partido de la Avenida Alfonso Ugarte. Engolosinados y sensualizados por el poder, prefieren optar por el “pragmatismo derechista” del que habló Javier Valle Riestra. Empezando desde el mismo Mauricio Mulder, que parece no querer soltar prenda.

El APRA necesita reinventarse, ahora más que nunca. Precisa urgentemente la definición en muchos temas, como la política económica que practica el gobierno, que contradice los principios apristas, por ejemplo. La sugerencia sería que retome el camino socialdemócrata que tomó en 2001, con la vuelta de Alan García al país, en vez de proseguir con el “derechismo” que ha denunciado Valle Riestra.

Estas definiciones y cambios en el partido de gobierno deben influir en el gobierno de García, para que dé un golpe de timón al rumbo por el que viene conduciendo al país.

lunes, 18 de junio de 2007

Deslinde de inmediato

Con el escándalo producido por la elección irregular de los miembros del Tribunal Constitucional, que ahora ha sido anulada por el Congreso para realizar un nuevo proceso, han pasado desapercibidas las polémicas declaraciones de los dos vicepresidentes de la República, el almirante (r) Luis Giampietri y la señora Lourdes Mendoza del Solar, ambos congresistas invitados por el APRA, en el sentido de que las culpas del extraditable Alberto Fujimori deberían probarse.

Esto ha pasado a un segundo plano, partiendo del supuesto de aquel vox pópuli que proclama que el APRA tiene una alianza tácita con la bancada fujimorista. Por ello, las declaraciones de Giampietri y Mendoza del Solar han sido tomadas como “normales”. Sin embargo, esto perjudica más a la bancada oficialista, puesto que refuerza la tesis de la “alianza aprofujimontesinista” y rompería con la tradición de una Célula Parlamentaria Aprista disciplinada y ordenada.

Ante esto ha habido reacciones. El secretario general del APRA y también congresista de la República, Mauricio Mulder, salió inmediatamente a rechazar dichas declaraciones, expresando que no es la posición del partido que fundara Haya de la Torre la de exculpar a Fujimori. En el mismo sentido se expresó el parlamentario andino y secretario de Organización del PAP, Wilbert Bendezú, quien no sólo discrepó de estas expresiones, sino que demandó al gobierno que haga un deslinde definitivo del fujimorismo.

Esto último es el meollo del asunto. Desde aquí creemos que no existe una alianza formal entre el aprismo y los fujimoristas: sucede que, como sostiene el analista político Martín Tanaka, el matrimonio del APRA (¿o de Alan García?) con la derecha política ha ocasionado que el fujimorismo, identificado con posiciones conservadoras, se adhiera a esta cuestión. También está el asunto de que los seguidores de Fujimori “sobonean” al gobierno, para que este sea blando con el tema de la extradición del ex mandatario desde Chile. Sin embargo, estas declaraciones infelices de Giampietri y Mendoza del Solar ya consolidan más la idea que está en el ambiente político, respecto del supuesto pacto.

Por ello, como lo ha demandado Bendezú, y también lo expresa la oposición, el gobierno aprista debe zanjar su posición sobre el caso Fujimori, sin dejar de mencionar que sea un tema judicial. Y también debe poner en su sitio a personajes como Giampietri y Mendoza del Solar (¿Por qué los invitaron?). Por último, ¿hasta cuándo va gobernar con la derecha, doctor Alan García? El país necesita un giro hacia el otro lado, expresando en la última elección su descontento con el estado de las cosas. Además de su rechazo al fujimorismo, que sólo tuvo 7 % del electorado.

viernes, 13 de abril de 2007

Salió airoso


La presentación del presidente del Consejo de Ministros, Jorge Del Castillo, ante el Pleno del Congreso, para explicar los porqués del nombramiento del inhabilitado ex premier fujimorista Alberto Pandolfi como jefe del Preven, fue una verdadera “pichanga” para el titular de la PCM. Haciendo gala de su experiencia en política, y contando con los autogoles que se metió la propia oposición, logró sacar adelante uno de los escollos más duros de su trayectoria.

Pero Del Castillo ya había ganado el partido antes de jugarlo. Apenas se supo del caso Pandolfi, en vez de esconderse de la prensa, dio la cara. En sus declaraciones, sostuvo siempre que fue “un error político”, y agregó que lo reconocía. Además, aseguró que inmediatamente se enteró del nombramiento, procedió a anularlo. Y se anticipó a la interpelación del Congreso, anunciando que visitaría el primer poder del Estado para hablar del asunto. Primeras piezas movidas en el tablero.

Su bancada también se movió. El “defensista” del APRA, Mauricio Mulder aseguró que si Del Castillo llegaba a ser censurado por la oposición, el presidente Alan García podía disolver el Parlamento, amparado en el artículo 134 de la Constitución. Acción temeraria, pero que no se iba a hacer realidad: Mulder solo le metía miedo a la oposición para que cuiden sus puestos en el Legislativo.

La oposición se demoró en promover la interpelación, puesto que Del Castillo ya había anunciado que se presentaría en el Congreso. Tuvo como voceros a las personas menos indicadas. Víctor Andrés García Belaúnde no es una buena carta como abanderado de este sector político. Otros salieron con los crespos hechos, pues el escudero aprista de los ’90 acotó que las congresistas Rosa Venegas y Marisol Espinoza, también nacionalistas, aparecían junto a Pandolfi, cuando este inspeccionaba en Piura el impacto del fenómeno del Niño, en fotografías difundidas en varios medios.

Desde su escaño como congresista (y no ese el púlpito donde se ubican los interpelados) Del Castillo recordó que durante los diez años del fujimorismo, lo combatió con energía, y que muchos de los que ahora critican a este sector político, en esa época no estaban. Argumento suficiente para poner en contradicción a la oposición. Por último, los desafió a promover la moción de censura, lo cual al final no hicieron.

El premier ha salido airoso de esta difícil prueba, gracias a su “cancha” en la política”. Fácilmente pudo haber sido censurado: El APRA no tiene mayoría en el Congreso; el fujimorismo pudo haberse “volteado” ante las críticas del popular “Jorgito” hacia la corrupción del régimen de Alberto Fujimori; en Unidad Nacional algunos podrían haberse alineado con la oposición radical. Esto sin contar con los votos seguros de Alianza Parlamentaria y el nacionalismo.

Pero el Gobierno no puede cantar victoria. No debe meterse en más líos, porque la noche se le puede venir: si bien es cierto la oposición en el Congreso no funciona, ya hay algunos conflictos sociales que debe resolver de inmediato. Y revisar sus “alianzas”. El asunto de Pandolfi le ha traído muchos dolores de cabeza.

Por su parte, la oposición debe buscar ponerse de acuerdo, puesto que pese a su coincidencia de ser contrarios al APRA, sus diferencias están en los niveles de radicalidad de las diferentes bancadas que la conforman. Una oposición más constituida ya hubiera puesto en jaque al actual gobierno. Y buscar mejores voceros le haría muy bien.