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domingo, 7 de marzo de 2010

No distraigas pe', Alan

El presidente Alan García, muy fiel a su costumbre de distraer nuestra atención, ahora ha puesto sus miras sobre el lamentable terremoto ocurrido en Chile la semana pasada. Fue uno de los primeros mandatarios latinoamericanos en enviar sus condolencias a su homóloga Michelle Bachelet, y hace unos días visitó al vecino país del sur enviando ayuda humanitaria y un hospital de campaña.

Tras su retorno de Chile, García anunció un plan de contingencia para catástrofes naturales como las ocurridas en el país del mapocho. También dijo que muchas construcciones en Lima y otras ciudades del interior tienen muchas deficiencias y necesitan ser revisadas. Además, se dio el dinero respectivo para el detector de tsunamis, que hace mucho tiempo venían reclamando expertos en la materia.

Pero todos sabemos que esto es un saludo a la bandera. Como dicen los muchachos del barrio, "es puro floro". Porque ya varias veces ha hecho lo mismo: Saca un tema y lo anuncia, como la famosa Oficina Nacional Anticorrupción o el Pacto Social. Y luego duermen el sueño de los justos, para ser desactivados.

Esta es la costumbre del presidente García cada vez que existen temas incómodos que pueden salir a la luz. Saca cositas así para distraernos de algunos sucesos que también son relevantes. Por ejemplo, si bien es cierto no tiene injerencia directa (aunque quien sabe) en el asunto de la boda de la hija del ex presidente Alberto Fujimori en la DIROES, el hecho es que después que sucedió, el asunto pasó desapercibido aquí por los bombos y platillos con los que García hizo gala de su solidaridad con Chile. Y de paso demuestra que los vínculos entre la cúpula aprista y el fujimorismo están vigentes.

Este mismo hecho sentó un precedente, pues permitir que una boda se realice en una prisión (cárcel dorada, mejor dicho), obligó a que, por ser consecuente, Antauro Humala tuviera que asistir fuertemente resguardado al entierro de su hijo, quien falleció ahogado. Y también podría permitir que otros presos, en razón de la equidad, tengan los mismos beneficios, como Abimael Guzmán, quien hace tiempo pide casarse con Elena Iparraguirre.

Además, hay un tema que no se difunde en los medios (siempre cómplices del oficialismo). Los acuerdos del gobierno con los representantes de los indígenas de Bagua están siendo paulatinamente desconocidos por los primeros (sabe Dios qué arreglos tendrán con esas empresas mineras a las que no les interesa ni los pobladores locales ni el medio ambiente), lo cual está generando una nueva bomba de tiempo. Por eso, nuevamente los indígenas están en pie de lucha debido a la "mecedora" del Ejecutivo.

Y los diarios más importantes guardan silencio. Callan en todos los idiomas. Prefieren referirse al terremoto en Chile (no está mal la solidaridad y la preocupación), antes que temas que van a ser decisivos. Prefieren seguir en coro a Alan García, quien si bien es cierto tuvo el gesto de visitar a Bachelet y mostrarle sus condolencias por las víctimas de tal desastre natural, parece haber olvidado que tres años después del terremoto en Pisco, esta ciudad sigue casi igual y que hay muchos damnificados en el Cusco y otras ciudades de la sierra por las lluvias y los huaicos. Y García prefiere distraernos, porque ese es su vacilón.

Cuidado que se nos pueden venir varios terremotos. Y no necesariamente esos violentos movimientos de tierra para los que el Perú debe estar preparado (no basta con anuncios rimbombantes). Porque la aproximación a la impunidad (¿está cerca el indulto a Fujimori?) y la mecedora a los indígenas pueden dejar muchos más damnificados de lo que cree García.

Foto: European Pressphoto Agency.

domingo, 28 de febrero de 2010

Dos terremotos, dos realidades diferentes


Hoy pensábamos tratar el espinoso caso de la boda de la hija del ex presidente Alberto Fujimori, pero despertamos con la noticia de un sorpresivo terremoto ocurrido en Chile, de 8,8 grados en la escala de Richter. El sismo tuvo su epicentro a 90 km al oeste de Concepción, con 56 km de profundidad, y ocurrió a las 3.44 hora local. Hasta el momento se reportan más de 300 fallecidos, y graves daños en carreteras y edificios, sobretodo en la parte sur del país.

Inmediatamente, la presidenta chilena Michelle Bachelet se dirigió hacia la Oficina Nacional de Emergencias del Ministerio del Interior (Onemi), para corroborar cuáles eran las consecuencias del terremoto. En primer lugar, la mandataria sureña prefirió guardar prudencia y manifestó que por el momento no necesitarían ayuda humanitaria, puesto que primero querían tener la información necesaria sobre la magnitud de las pérdidas materiales y humanas, y si en caso se necesitara se podría precisar de ese apoyo.

En segundo lugar, el gobierno chileno ya cuenta con un sistema de defensa civil (Onemi) que está preparado para estas eventualidades.Y a la vez, varios ministros son parte de una comisión de alto nivel en estos casos. Amigos de Chile me cuentan que el Estado ha sabido responder inmediatamente para socorrer a los damnificados.

Evidentemente, Chile se encuentra mucho más preparado que nuestro país para estos terremotos. Habiendo experimentado catástrofes como las de 1960 y 1985, el Estado ha preparado un sistema de contingencia que funciona. Y también cuenta con reglas claras para temas de construcciones, en las cuales se exige ciertos estándares para que sean antisísmicos.

Pese a esto, no se ha podido evitar la destrucción que se ha visto por la televisión, así como los centenares de muertos. Pero de lejos se nota más preparación.

Cuando ocurrió el lamentable terremoto del 2007 en el Perú, que afectó las ciudades de Pisco, Chincha e Ica, el Estado peruano tuvo una reacción lenta. En vez de estudiar los daños materiales y humanos, inmediatamente se recibió la ayuda económica y humanitaria, lo cual fue un verdadero caos. El desorden y la lentitud en la entrega estuvieron a la orden del día. El Gobierno central y los gobiernos locales comenzaron a pelearse y no trabajar juntos, debido a que no están bien definidas las competencias de cada instancia.

Encima, se creó un ente burocrático, llamado Fondo de Reconstrucción del Sur (Forsur) presidido por el empresario Julio Favre, que fue mucho más lento en su accionar. Mejor hubiera sido delegar la función al Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Pero no se hizo. Este ente fracasó, y Favre finalmente presentó su renuncia. Han pasado más de dos años y medio, y Pisco sigue casi igual que después del fatídico 15 de agosto del 2007. Además, existen muchas denuncias de corrupción en las entregas de ayuda, sumado a que mucha gente sigue viviendo en casas prefabricadas debido a que hasta ahora no han podido reconstruir las suyas.

Evidentemente, en Chile la situación está difícil. Ya se cuentan varios millones de damnificados, y la mitad del país está declarada en emergencia. Pero el Estado está presente, y es más eficiente. Aquí nos falta organización y sobretodo, criterio, pues ¿cómo es posible que el Ministerio de Economía y Finanzas no haya querido entregar una partida a Defensa Civil? Hace falta más Estado y menos neoliberalismo.


(Video de BBC Mundo)