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martes, 20 de noviembre de 2007

Era para ganarlo

Perú empató como local ante Brasil. Repite el mismo resultado de 1957 y 2003, por las Eliminatorias. De esta manera, completa una racha de 50 años sin poder derrotarlo por el pre-Mundial.

La prensa deportiva ha alabado el empate. La mayoría de los medios impresos ha destacado las ganas que le puso el equipo nacional. Esto es cierto: se vio una actitud diferente en la selección, muy distinta y mejor que la de los dos partidos anteriores ante Paraguay y Chile. Los jugadores de la selección metieron la pierna fuerte sin importarles la presencia de monstruos del fútbol como Ronaldinho y Kaká.

Sin embargo, no pudieron ganar. Pero esto no se dio por falta de capacidad del equipo. Las ganas que pusieron (aunque sin fútbol) habrían bastado para lograrlo; no importa que hayan mostrado poco fútbol. A ello hay que agregarle que Brasil jugó a media máquina, y demostró una excesiva dependencia de Kaká. Lo que pasó es que hubo falta de clase para hacerlo; esta clase la debieron demostrar los delanteros de la selección.

Lamentablemente, Guerrero debió salir por lesión apenas terminó el primer tiempo. Pese a todo, nadie discute su entrega. Pizarro ya demostró que no es para la selección peruana. Nunca lo fue. Sólo fue un producto a lo Beckham “made in Perú” que demostró tener buena pinta y una gran capacidad para colocarse en el fútbol alemán, que después de todo, no es la liga más competitiva de Europa. Farfán se está convirtiendo en un nuevo Pizarro: sus últimas actuaciones están muy lejos de sus comienzos con la blanquirroja.

Aquí se rompe el mito que señala que Perú tiene un “ataque poderoso”, pero una defensa floja. Los de atrás fueron los mejores. Salas se jugó el mejor partido de su vida, con él olvidémonos del boxeador Galliquio. Acasiete demostró que está en un nivel superlativo, y se aseguró en el puesto por varios años salvo pase algo. Rodríguez anduvo regular, y Vargas es conmovedor con sus corridas por la banda izquierda. Su gol (aunque con cierta ayuda del brasilero Lucio) es prueba del pundonor del jugador del Catania italiano. El puesto es suyo, que el medroso de Walter Vílchez se quede en México.

El mediocampo mejoró. Carlos Lobatón lo hizo en gran nivel, pese a jugar como volante de marca. Jayo aportó su experiencia, pese a no correr como antes. Solano hizo lo que pudo, si bien es cierto fue regular, su presencia siempre intimida al rival. La reaparición del Chorri Palacios fue una buena noticia, no solo por el hecho mismo, sino que contagió a sus compañeros con entusiasmo para pelear cada balón.

Los que ingresaron tampoco desentonaron. De la Haza no lució mucho, pero aportó marca cuando se le necesitó. Increíblemente, Andrés Mendoza, pese al poco tiempo en que estuvo en el verde y a la resistencia que tiene en muchos aficionados, demostró estar mucho mejor que Pizarro y Farfán. Si estos dos últimos tuvieran el nivel de los delanteros paraguayos (Cabañas, Santa Cruz y Haedo Valdez), al menos se hubiera ganado por la mínima diferencia. Este es el determinante para el resultado de ayer. Pero pese a esto, Perú tuvo para ganarle a Brasil con todo y sus estrellas y millones.

Ahora hay que ganarle a Ecuador. No importa Quito y su altura. Si queremos estar en el mundial, hay que ganar todo desde ahora. Hay que aprovechar el pésimo momento de los norteños, quienes parecen haber vuelto a aquellas épocas en que aprendían a jugar al fútbol. Así como ellos lo hicieron con nosotros en los últimos diez años. Esta es la oportunidad para cobrar revancha. Además que el resultado ante Brasil obliga a eso.

jueves, 19 de julio de 2007

A la verdeamarelha se le respeta

Brasil otra vez es campeón de América. Y no sólo eso: Es bicampeón, pues ganó las últimas dos ediciones de la Copa América. Y aún hay más: Ganó cuatro de los últimos cinco campeonatos del continente, y dos de las últimas cuatro Copas del Mundo. Es el actual campeón de la Copa Confederaciones. En 13 años ha ganado ¡siete títulos! Entonces, es un rival de cuidado para cualquier equipo.

Sin embargo, parece que el domingo 15 de Julio de 2007, Alfio Basile y los 11 jugadores de la selección argentina que salieron a la cancha del "Pachencho" Romero, a disputar la final de la Copa America contra Brasil, olvidaron los pergaminos del rival. No se acordaron que además de las dos finales en que fueron derrotados (2004 por la Copa América, y 2005 por la Copa Confederaciones, Brasil los sacó de carrera en este mismo torneo, en 1995 y 1999, en la fase de cuartos de Final. Argentina salió a la cancha con el mismo libreto de siempre, pensando que se enfrentaba a selecciones como Perú, Colombia o los Estados Unidos, de discreto papel. Quizás la selección albiceleste también tuvo la idea de que, pese a que Brasil siempre juega ofensivamente, al final deja jugar al rival. Quizás rememoró la final del 2004 en Lima, en la que pasaron por encima de los cariocas en el juego; aunque el resultado les fue adverso.

Sin embargo, Brasil salió al verde con un libreto distinto.

Desde el primer minuto, y con una minuciosidad casi italiana para defender, los brasileros trabajaron como peones en el terreno de juego. No dejaron hilvanar jugadas a los gauchos. Pese a todo, Argentina siguió tan confiada y tan segura de su triunfo. Tanto así que Roberto Ayala, el mejor defensa que hayan visto mis ojos (en vivo y en directo), seguro en la marca y buen cabeceador, dejó que una pelota aérea caiga a los pies de Julio Baptista, que realice su amague y que saque el derechazo, Ayala creyó que la botaría a las tribunas, pero producto del latigazo de la "Bestia", el balón terminó en las redes argentinas, ante la atónita mirada de un inmóvil Abbondancieri (también muy confiado), apenas a los cuatro minutos.

Allí se acabó el partido para la Argentina. Y también la Copa América. Porque ya no fue el mismo equipo casi perfecto de los cinco partidos anteriores. Las jugadas que intentaba hilvanar eran fácilmente cortadas por los volantes brasileños, comandados por el gran Josué, acaso poseído de ese gran volante brasileño llamado Dunga, ahora entrenador del Brasil. Argentina tuvo una posibilidad con un tiro al palo de Riquelme, al minuto 10, pero hasta allí nomás llegó. Para colmo, llegaría el autogol de un desesperado, nervioso y desconocido Ayala al finalizar el primer tiempo.
Luego vendría el gol de Daniel Alves en el segundo tiempo, para cerrar con broche de oro una gran victoria.

Argentina pagó caro su exceso de confianza. Por más que esté muerto, Brasil es Brasil, y en cualquier momento "se molesta". Basile equivocó el planteo al colocar un sólo volante de marca (Mascherano) y tres ofensivos (Verón, Riquelme y Cambiasso), pero de andar cansino en la cancha. Ninguno de ellos se caracteriza por la velocidad. Este partido era para Pablito Aimar, y que Fernando Gago acompañe en la marca a Mascherano. Brasil les ganó la mediacancha fácilmente, con Mineiro y Elano (este salió lesionado) completamente enchufados en el partido. Álex y Juan, pese a sus limitaciones, "secaron" a los habilidosos Messi y Tévez, y adelante Julio Baptista fue toda una "bestia" al lado del goleador de la Copa, Robinho, quien jugó como un obrero más: marcando y jugando con sus compañeros.

El gran responsable de este gran triunfo es Dunga, quien demostró como técnico casi la misma categoría que exhibiera como jugador. De un equipo desarmado, sin Ronaldinho Gaúcho y Kaká que pidieron descanso, y un Adriano en bajo nivel, comenzó de cero. Era criticado antes de la Copa y aún más luego de la derrota inicial 0-2 ante México. Pero poco a poco, fue encontrando el equipo, que a medida que pasaban los partidos, llegó a su mejor nivel.

La selección de Brasil ha demostrado que no tiene equipo A, B o Z. Que cualquier jugador brasileño se puede colocar esa camiseta multicampeona, y se esforzará al máximo por lograr el triunfo de su selección. Que está nuevamente en su reinado, así no haya podido ganar la última Copa del Mundo. Ojo: No son invencibles (México lo sabe), pero no es cualquier equipito de barrio que se le puede ganar fácilmente, como creyeron el comando técnico y los seleccionados argentinos.