sábado, 31 de marzo de 2007

Anote goles, señor Presidente

En el fútbol, aquel jugador que gusta de eludir adversarios con el balón con fintas, o tacos, “huachitas”, entre otras jugadas que son atractivas a los ojos del espectador que va a la cancha. Algunos son grandes jugadores, como el brasileño Ronaldinho o el francés Zinedine Zidane, quienes además de hacer todos estos malabares, también hacen goles. Sin embargo, otros sólo hacen esto, para el deleite visual del aficionado.

De este último tipo de “jugador” es Alan García. Usted dirá de qué estoy hablando, o pensará que me estoy burlando. Hablo del Presidente de la República. Pero en sentido figurado. Hasta el momento, el Jefe de Estado se ha dedicado a “jugar para la tribuna”, con medidas que gustan a los ojos y que impresionan al ciudadano de a pie, pero son de corto plazo.

Apenas iniciada su segunda gestión, la primera medida que anunció Alan García fue la de la pena de muerte para los violadores de menores de edad. Lo hizo siendo conocedor de que la mayoría de la población apoyaba esta iniciativa, en vista de los constantes crímenes y vejaciones cometidos contra niños y niñas inocentes. Sin embargo, era un anuncio efectista, lleno de malabares y fuegos artificiales, que hasta ahora no se aplica. De más está decir que la pena de muerte no soluciona el problema del abuso sexual al menor. Y eso lo sabe García.

Cuando la Corte Interamericana emitió el fallo acerca de la matanza en el penal Castro Castro, ocurrida en 1992, en el que el Estado debía indemnizar a los familiares de los presos por terrorismo victimados, Alan expresó que el fallo era “indignante”, y aprovechando la sensibilidad de quienes perdieron a sus seres queridos por causa del terrorismo, extendió su pedido de pena de muerte a los sediciosos. Algo imposible, dado que un país como el Perú, que eliminó la pena capital, no puede volver atrás en esta materia, debido que firmó el Pacto de San José de 1978 sobre los derechos humanos.

Sin embargo, otra vez jugó con el sentir de la población. Cuando el Congreso dictaminó su negativa ante la medida, Alan aceptó al principio la medida, pero al día siguiente recibió a numerosos familiares de víctimas del terrorismo (con portátiles incluidas) que pedían la pena capital. En el patio de Palacio de Gobierno, improvisó un mitin donde aseguró la pena de muerte para los terroristas. Es comprensible el dolor de las familias afectadas por el terrorismo, y hasta sus demandas, pero el presidente no puede ser demagógico con ellos, sólo por ganar el respaldo popular. El líder de un país debe decirle la verdad a su pueblo.

Las propuestas de la puntualidad y la austeridad también son otras fintas del Presidente. La gente aplaude estas dos acciones, considera que la puntualidad es defecto que el peruano debe corregir; y la austeridad es una respuesta a la inmensa frivolidad del gobierno de Alejandro Toledo, su antecesor. Sin embargo, estos gestos no resuelven los problemas del país.

La última: decreto supremo que reduce los sueldos de los alcaldes provinciales y distritales, en función de la población electoral. Alan logra dos cosas a la vez con esto: respaldo popular, porque el pueblo no tolera que muchas de sus autoridades ganen exorbitantes sueldos; y pone a los alcaldes contra la pared, puesto que si alguno reclama, será repudiado por la opinión pública local.

Alan García como presidente es un futbolista malabarista: consigue aplausos de la tribuna que elogia sus grandes proezas con el balón. Sin embargo, la hinchada no le va perdonar cuando acaben los noventa minutos sin anotar un gol. Eso está bien para unos momentos, pero el Perú no sólo gana con gestos mediáticos. Los verdaderos goles se anotan impulsando cambios importantes en salud, justicia, educación y erradicación de la pobreza, y no sólo con “dominaditas” de balón.

jueves, 29 de marzo de 2007

Este no es el APRA, señores

El último domingo 25, en una entrevista publicada en el diario Perú 21, el antropólogo Carlos Iván Degregori señala que el Partido Aprista Peruano, el movimiento político más antiguo e importante del Perú “ha perdido capacidad intelectual”. También manifiesta que “desde la década del ’60 viene retrocediendo en sectores intelectuales y tecnocráticos”.

Son verdades que pueden doler o incomodar, pero es la realidad. El APRA ya no produce ideólogos, gente que esté revisando constantemente su doctrina política. Desde la partida de Luis Alberto Sánchez en 1994, quien fuera un destacado intelectual y político, respetado por todos los sectores; y aún con la presencia en la Célula Parlamentaria Aprista de Javier Valle Riestra, ya no ha vuelto a aparecer otro igual. O al menos parecido.

El APRA no fue un partido político que apareció de la noche a la mañana, como los actuales movimientos que nacen poco antes de las elecciones, para morir atragantados en sus propias limitaciones (y contradicciones) ideológicas, luego del desarrollo de los comicios. Sólo sobreviven en caso de ganar; aún así, luego de su apogeo, su muerte es segura. En el caso del APRA, no. Aún luego del desastroso primer gobierno del ahora presidente (otra vez) Alan García, tuvo una importante cuota de parlamentarios en el Congreso que duró de 1990 al 1992, y con posibilidades de mantenerse en el firmamento político. Aún luego de sus exiguas votaciones en los ’90, en el 2000 ha vuelto a reaparecer en escena. Y no sólo por mérito de García.

El APRA aparece no sólo por Víctor Raúl Haya de la Torre, su fundador y líder máximo durante casi cinco décadas. Antes de esto, en Trujillo se había formado el denominado Grupo Norte, que liderara el intelectual norteño Antenor Orrego. Era una verdadera escuela de debate político, filosófico e intelectual. Además de Víctor Raúl, aparecieron otros personajes como César Vallejo, gran poeta peruano. De este Grupo Norte, surgieron personajes de todas las tendencias, pero la mayoría serían los que fundarían el Partido Aprista entre las décadas del ’20 y el ’30, promoviendo antes una alianza efectiva entre los estudiantes y los obreros, y anticipándose a lo que fueron los Frentes Populares de mediados de los ’30, ante el avance del nazi-fascismo.

Además de Haya, Sánchez y Orrego, el APRA tuvo intelectuales como Alcides Spelucín, y destacados líderes políticos como Manuel Seoane, Manuel Barreto, Ramiro Prialé (conocido por la frase “conversar no es pactar”), Andrés Townsend, Fernando León de Vivero. Sin dejar de mencionar a Armando Villanueva y a Valle Riestra, quien vive en soledad intelectual en el Congreso.

Más allá de ellos, no salieron más. Ningún dirigente actual tiene la solvencia , ni la lucidez de sus antecesores. ¿O alguien puede decir que Mauricio Mulder es una eminencia intelectual? No puede ser intelectual, ni ideólogo, alguien que lanza insultos contra la Defensora del Pueblo, Beatriz Merino (“Ahora resulta que sale del closet a imponer todo el peso de autoridad”), haciendo alusión a su peso y a una probable orientación sexual, en vez de defender con argumentos su posición. O que lance comentarios ligeros sobre el cine peruano, al decir que no ha producido películas sobre la Guerra con Chile, sin ser crítico de cine. También lo demostró con la pésima performance del APRA en las últimas elecciones regionales y municipales.

Si el APRA quiere sobrevivir más allá de García, pues tendrá que renovar sus cuadros; volver a leer sus textos originarios, reinterpretándolos de acuerdo a la realidad actual; y promover la democracia interna en sus adentros. De lo contrario, también se convertirá en una agrupación muerta en vida, como es el caso de Acción Popular y el Partido Popular Cristiano. O hasta desaparecer, como pasó con Izquierda Unida.

Porque al paso que va el segundo gobierno aprista, la cosa no será fácil para el denominado en algunas épocas “Partido del Pueblo”. No creemos que al final del gobierno de García, pueda tener un colchón sólido, como en 1990.

miércoles, 28 de marzo de 2007

La Honestidad Brutal de Chiquitín

En su intervención ante el Congreso el jueves pasado, el ministro de Agricultura, Juan José Salazar, dijo una gran verdad que les dolió a muchos. “La política antidrogas es un fracaso”.

Más allá de la decisión de suspender las erradicaciones de los cultivos de coca, esta frase golpea a todos los involucrados en el tema, tanto el gobierno, las organizaciones interesadas en el tema, así como a los analistas políticos de la derecha que han manifestado su opinión al respecto. El popular “Chiquitín” no se “achicó” ante lo poderoso que pueda ser el aparato antidrogas, y se atrevió a decir lo que dijo.. Es que esa es la verdad. A pesar de todos los millones que se invierten para disminuir el narcotráfico, este se mantiene fuerte y sólido, y sigue dominando en ciertas zonas del Perú, Colombia y México.

¿Por qué es un fracaso? La DEA, principal organismo antidrogas estatal de los Estados Unidos, así como el gobierno de este país, invierten millones de dólares en la lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, paradójicamente, en este país se consume la mayor cantidad de droga del mundo, la que llega a pesar de contar con el servicio secreto más sofisticado del mundo, como es la Central Intelligence Agency (CIA). ¿Cómo ocurre esto? O la CIA ya no funciona, y deja pasar esto por deficiencias en su sistema; o es una hipocresía tremenda de los Estados Unidos, que utiliza el tema antidrogas sólo para tener cierto dominio e influencia en una región tan convulsionada en América Latina como lo es la Andina.

Otra organización que queda mal parada es Devida, que promueve la erradicación de la hoja de coca, pues sostiene que es droga. Aquí también se invierte mucho dinero. Sin embargo, pese a sus “esfuerzos”, tampoco ha logrado que los campesinos cocaleros cedan en el comercio que hacen. Tampoco la Empresa Nacional de la Coca (Enaco), que compra cierta cantidad de hojas de coca, ha servido de mucho. Por ser Devida y Enaco parte del Estado, aquí también pierde la política del país, que se adecua en gran parte a lo que dictan los Estados Unidos.

Además del Perú y los Estados Unidos, con sus organismos antidrogas, están algunas Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que trabajan la lucha contra el consumo de estupefacientes, y que por hacer este trabajo, reciben también mucho dinero de la cooperación internacional. Por eso, si se reconoce ampliamente que la política antidrogas ha fracasado, todos estos organismos también. Se la agarran con un sector (los cocaleros) que solo representan el 5 por ciento de todos los agricultores, cifra que diera Pedro Pablo Kuczynski.

Todos estos promueven la idea de que la hoja de coca es droga. Esto no es así. La hoja de coca es una planta que contiene ciertos elementos que dan energía y ayudan a resistir los efectos de la altura a aquellos que la consumen, sea por infusiones o los campesinos que la mastican. Y ninguno que haya consumido en diversas modalidades la coca, tiene efectos de haber quedado drogado. Los narcotraficantes utilizan la hoja de coca como UN ingrediente, no como EL ingrediente.

Por eso, es una gran mentira que nos quieren vender, y todo por seguir acumulando millones ellos, sin ayudar al campesinado que quiere mantenerse como cocalero porque le da más ingresos. ¿Por qué un campesino se ve obligado a entrar al negocio de la coca? Porque si vende papa, camote o yuca, los famosos “intermediarios” compran sus productos a precios risibles, ínfimos. Y luego vienen a Lima y los venden sobrevalorados. Por eso, se dedican a vender la coca, porque tienen compradores seguros. Aunque estos tengan fines ilícitos.

Para que esto no continúe, el Estado debe intervenir, una vez más (aunque les duela a los neoliberales). Debe subsidiar la agricultura, y dar facilidades a los productores de la papa, el camote, el arroz, etc., para que sus productos les sean rentables, y no tengan que dejarlos para dedicarse a ser cocaleros. De paso, se hacen competitivos con otros países, ya hasta les pueden ganar, porque el Perú es muy rico y variado en producción agrícola. Esto debe tener en cuenta el ministro Salazar, además de decir verdades. Aunque su honestidad brutal es aplaudible. De paso, hay que dejar la persecución a los cocaleros, y sentarse a conversar.

lunes, 26 de marzo de 2007

A no dormirse en los laureles (y que se vaya Burga)

La clasificación obtenida por la selección peruana de fútbol Sub 17, al campeonato Mundial de esta categoría, es el triunfo más resonante en este deporte en los últimos 25 años. Aunque muchos digan que no es lo mismo que estar en la Copa del Mundo de mayores, lo cierto es que estos chicos lograron algo que se pensaba imposible hace unas semanas.

Porque la verdad es que el trabajo con divisiones menores en el Perú es pésimo. Todas las participaciones de nuestros seleccionados de fútbol juveniles son malas, dando pena en el concierto sudamericano. Sólo algunos clubes (Universitario, Alianza, Cristal y Sport Boys) trabajan a medias este tema, y a los jugadores de esos mismos clubes se les junta poco tiempo antes del torneo.

Sin embargo, el trabajo realizado por este equipo, dirigido por Juan José Oré, ex jugador de la “U”, ha sido excepcional. Nada que ver con lo hecho por Pavón y Picerni, a quienes la FPF les pagó por pasear en nuestro país. El popular “Jota Jota” no sólo buscó en los clubes anteriormente mencionados, sino que hurgó en otras instituciones más. Les inculcó actitud ganadora, con la mentalidad de que si no se puede ganar, al menos no pierdan. Tanto que en el debut derrotaron al poderoso Brasil.

Esto último es cierto. Hay que ser sinceros: este equipo no era prolijo. Pero el corazón y el coraje que ponían en cada jugada, no se discute. Mucho más grande que el de todas las selecciones de mayores que han fracasado en los últimos 20 años, e incluso con nombres grandes como Solano, Pizarro, Palacios, etc. A pesar a algunas limitaciones, siempre estuvieron allí, peleando hasta el final cada balón. Y hay algunas figuras, como el chico (ahora grande) Reimond Manco, quien puede encabezar una nueva generación que pueda enderezar el alicaído rumbo del fútbol peruano.

Festejen “chibolos”, festejen. Se lo merecen. Pero ahora hay que trabajar más duro. No sólo por lo del Mundial Sub 17, que se jugará entre agosto y Septiembre de este año en Corea del Sur. Demuestren que pueden mandar al olvido a toda esa sarta de “juergadorazos” fracasados, que tienen mentalidad perdedora (ver artículo anterior). Tienen toda una carrera por delante. Contagien a los de su generación, y a los que vendrán mañana. Una nueva etapa puede llegar al fútbol peruano, depende de ustedes.

Obviamente, esa posible nueva etapa se consolidará si Burga y compañía se van de la Federación Peruana de Fútbol.

martes, 20 de marzo de 2007

La mentalidad perdedora de nuestro fútbol


Luego de la humillante derrota en Matute por 1-3 ante los chilenos del Audax Italiano, con la cual Alianza Lima queda virtualmente eliminado (otra vez) de la Copa Libertadores, los jugadores blanquiazules se consolaban con frases conformistas. “Lo más importante es que somos punteros en el campeonato local, y somos los mejores”, decía el centro delantero Roberto Silva. La misma idea tenía su compañero de equipo, el mediocampista Junior Viza.

Esa mentalidad conformista y mediocre (la cual también denota soberbia, porque menosprecia a los demás equipos de fútbol del medio local) se reflejó nuevamente el sábado. Alianza fue humillado por el Bolognesi de Tacna, último en el campeonato de Primera División, al caer por dos goles a cero. Encima, el cuadro tacneño no había ganado un solo partido de siete anteriores a este.

Estos resultados demuestran una vez más, la improvisación en que se encuentra una de las instituciones más importantes de nuestro fútbol. Porque luego de ganar el Apertura 2006 en Julio del año pasado, se tenía seis meses para preparar un equipo competitivo para el máximo torneo continental de clubes. Sin embargo, los dirigentes del fútbol peruano creen que basta con el plantel del fútbol local, más un par de refuerzos de segunda mano, para realizar una buena campaña. Otra vez Alianza hace un papelón de proporciones.

Y seguro que lo más fácil será echar al técnico uruguayo Gerardo Pelusso (aunque también tiene responsabilidad) y a los refuerzos. Lo cierto es que hay jugadores que hace años están de más en Alianza Lima. Ese mediocampo, con Jayo y Ciurlizza, ya no sirve. Ya no corren como antes. No marcan, y son fácilmente eludidos por los rivales. Aquí en el torneo local se la quieren pegar de bravos, pero con jugadores de otros países “arrugan”, como se dice popularmente. No olvidemos al “Memo” Salas marcando la punta izquierda, ya debe decir adiós también. Ni qué decir de sus delanteros. Maestri es un grande en el fútbol local, pero en el ámbito internacional nunca fue; salvo su paso por la “U” de Chile. La lista es larga, pero en síntesis: Alianza no tiene equipo para la Copa.

Además de no tener nivel internacional, estos jugadores son conformistas. Celebraron como si fuera la obtención de la Copa del Mundo el haber derrotado a Universitario, el clásico rival. En las actuales circunstancias que vive el fútbol peruano, esto no es gran cosa. Luego vino la caída ante Audax Italiano (aunque modesto, un buen equipo chileno), y pese a esta humillante derrota (por el hecho de ser en casa) pensaron que sería fácil pasar por Bolognesi. Allí también la soberbia les jugó una mala pasada.

Más allá de la caída, esa mentalidad, expresada no sólo en las declaraciones de los futbolistas y en su rendimiento en el campo de juego, sino también en las pésimas decisiones que toman los dirigentes (sean de la Federación o de los clubes), es la principal causa de la debacle de nuestro fútbol. Eso tiene que cambiar. Porque, ¿acaso alguien cree que por más que llegue Menotti o Bianchi a dirigir la selección, algo podrá cambiar? No. Ya se demostró con la llegada de profesionales buenos como Francisco Maturana y Paulo Autuori, quienes no pudieron hacer más.

Ahora, los dirigentes del fútbol peruano se esperanzan en un técnico. Creen que con la llegada de Julio César Uribe a dirigir la selección peruana de fútbol (para mi gusto, mala decisión), la cosa cambiará.

Todo comienza por un cambio de mentalidad. Y eso es un proceso, señores dirigentes. Sean de Alianza, del Sport Áncash o de la Federación Peruana de Fútbol.