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miércoles, 4 de julio de 2007

Uribe no es entrenador

Después del angustioso empate ante Bolivia, el cual nos permite clasificar a los cuartos de final de la Copa América, he comprobado que Dios es peruano. Esto no es ninguna herejía: sucede que este partido era para perderlo. Y por una goleada de aquellas. Todo por la insólita e inédita formación que envió a la cancha de Mérida el seleccionador del equipo de todos, que responde al nombre de Julio César Uribe.

Y no sólo por la calidad de jugadores que envió al terreno de juego. También por las posiciones en que los ubicó, pues varios no jugaban en la posición en que debían jugar, o en la que realmente se ubican.

Empecemos por la parte de atrás. Salvo en el primer gol, Butrón no estuvo tan mal que digamos. Vílchez ha demostrado que no es jugador para defender la roja y blanca. Es tímido y hasta casi cobarde, diría yo, para proyectarse por su banda, como marcador izquierdo que es. Galliquio se equivocó de deporte: su físico pinta más para ser un boxeador. Le pone ganas y temperamento, pero no tiene la técnica para jugar al fútbol. Quizá como boxeador le daría más lauros al Perú. Rodríguez debe aprender que tiene que rechazar el balón cuando un jugador se le acerca mucho, y no intentar salir jugando. Por hacer esto último, perdimos contra Venezuela. De Villamarín no digo nada, pues todos los debuts tienen disculpa. La gran pregunta es, ¿por qué no jugó Acasiete, señor Uribe? Era el que mejor se desempeñó en la zona de atrás, aún en la derrota con la “vino tinto”. Otra cosa: Herrera es mucho mejor que Galliquio por la punta derecha, más veloz e incisivo. Lástima que lo expulsaron.

El mediocampo es lo peor que conformó Uribe. Bazalar no lo venía haciendo tan mal, pero necesitaba un apoyo en la marca. Sin embargo, el técnico, en vez de colocarle un acompañante, lo sentó, y puso a De la Haza en su lugar, quien tuvo que sufrir como único volante de marca. Porque sólo colocó a un creativo, como Mariño, quien tampoco lo hace mal, lo cual obligó a De la Haza a multiplicarse. Y tuvo que convertirse en un “pulpo”, porque al entrenador se le ocurrió que Jefferson Farfán, quien siempre jugó como delantero por las puntas, tanto en Alianza como en PSV Eindhoven, es volante creativo. Y allí se perdió, y encima se lesionó por culpa del propio comando técnico, que no hizo caso a sus pedidos de cambio por estar sentido de la rodilla; incluso salió en una ambulancia. A Ísmodes también lo disculpo por su debut.

Lo imperdonable es lo que pasó después. Uribe mandó a la cancha como mediocampistas ¡a dos delanteros! Zúñiga estuvo como volante, y terminó como defensa, despejando como sea las pelotas que llegaban al área peruana con su cabeza vendada. “Malingas”Jiménez ingresó sin trascender en el partido. No sabemos que quiso hacer el técnico de la selección.

Arriba, nada que discutir. Guerrero hace honor a su apellido, combativo como siempre, pero no pudo anotar. El que estuvo inspirado fue el mil veces criticado Claudio Pizarro, quien luego de anotar tres goles en dos eliminatorias de 18 partidos cada una, hizo dos tantos en un partido clave. Dos cabezazos que dieron la impresión de que el espíritu indomable del gran José Velásquez se metió en el cuerpo del Bombardero. Tenía que hacerlos, ya estaba con “roche”, como decimos los peruanos.

No podemos festejar, porque, además de no tener entrenador, muchos jugadores de la selección tienen tarjetas. Parece que enfrentaremos en cuartos a Argentina o Paraguay, que vienen agrandados con tremendas palizas aplicadas a norteamericanos y colombianos (Qué decepción la de Colombia).

Como diría Hurtado Miller, que Dios nos ayude. O, mejor dicho, que Dios nos vuelva a ayudar.

miércoles, 11 de abril de 2007

La mentira como costumbre

Ya no es patrimonio solamente de los políticos. Se ha demostrado que la mentira también puede darse en otro tipo de actividades. Muchas personas que no se dedican a la política también actúan así; ha quedado demostrado en el último mes en nuestro país.

Nuestro gran escritor Alfredo Bryce Echenique incurrió en plagio en sus artículos de opinión, y mintió negando lo evidente. Encima le echó la culpa a su secretaria, como si la pobre señorita fuera causante de que este hombre tenga debilidad por el alcohol. Es evidente que Bryce es adicto a este líquido que poco a poco, va destruyendo las neuronas. Por esta razón, suponemos que cuando trabajaba en su computadora estaba en ese estado en el cual uno delira (nunca he pasado por esto, felizmente). Por eso los benditos plagios.

El año pasado ya había sido denunciado por Herbert Morote, quien dijo que Bryce había copiado un ensayo suyo sobre temas de educación. Inmediatamente, Bryce le salió al frente diciendo que no necesitaba copiar a nadie para ser famoso, y apeló a sus más de cuatro décadas como novelista. Este año, el embajador peruano Oswaldo de Rivero, autor de “El mito del desarrollo”, aseguró que el talentoso escritor peruano había copiado un artículo suyo y que lo había publicado íntegro en el diario El Comercio. Bryce reaccionó con el mentado echapelotas a su secretaria, y al final, terminó renunciando a escribir más columna en el decano de la prensa peruana.

Bryce es un extraordinario novelista y cuentista. Eso nadie lo discute. Pero como articulista no la hizo. Es mejor que siga escribiendo sus libros, pero que lo haga en buen estado. Y de paso, a ver si se somete a un tratamiento contra el alcohol, porque lo está perjudicando más de la cuenta.

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Otro caso de mentiras es el de Julio César Uribe, por segunda vez entrenador de la selección peruana de fútbol. Prometió mano dura para quienes cometan indisciplina en el equipo de todos. Prometió también que sólo declararía a la prensa en conferencias, y que no concedería entrevistas en exclusiva para ningún medio.

No cumplió con ninguna de sus promesas. Después de la derrota de la selección ante Japón por dos a cero en Tokio, se dieron versiones periodísticas de que Uribe y algunos de los jugadores estuvieron en una discoteca antes y después del partido. El entrenador negó todo, e incluso el presidente de la Comisión Sudáfrica 2010, Juvenal Silva (si es congresista, debería dedicarse solo a eso), anunció que si se comprobaban estas versiones, Uribe sería destituido.

Salió a la luz la verdad: varios peruanos que viven en el Japón aseguraron haber visto a Uribe en esta discoteca. Finalmente, “fútbol decente” admitió el hecho, pero que solo estuvo bebiendo una Inca Kola y que permaneció por 45 minutos en este lugar de diversión. Después salió a dar entrevistas en algunos diarios y en la misma televisión, incluso derramando lágrimas.

Uribe mintió dos veces: Dijo que no daría más entrevistas en exclusivo, y las dio. Negó haber estado en una discoteca, y estuvo allí. ¿Así quiere promover la ética y la decencia en el fútbol? ¿Con qué autoridad podrá ahora dirigir a sus seleccionados?

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La mentira se va convirtiendo en un hábito de los personajes públicos de varios ámbitos de nuestra sociedad. Los políticos ya no están solos. En la cultura y el deporte también está presente, lamentablemente.